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Medicina Preventiva II

 

La vacunación del caballo.

 

Artículos OcioCaballo  |  Hospital Veterinario Sierra de Madrid


 

Continuamos nuestra serie de publicaciones que pretenden informar, de manera sencilla y directa, sobre temas de salud y manejo de nuestros caballos. En nuestro primer artículo, y dentro del Programa de Medicina Preventiva que venimos desarrollando en el Hospital Veterinario Sierra de Madrid, revisamos los beneficios que comportan a nuestros caballos el cuidado de los dientes, y su rutinaria inspección al menos una vez al año. Ahora nos centraremos en el programa de vacunación,

Pocas cosas ayudan a proteger a su caballo de los estragos de algunas enfermedades tan fácilmente y con tanta eficacia como la inmunización contra las enfermedades infecto contagiosas importantes, no sólo desde el punto de vista de un caballo en particular, si no de la colectividad donde se encuentre, ya sea a nivel local, regional, o nacional. No podemos olvidar que junto a las consecuencias sobre la salud de nuestro caballo, entre las que hay que notar los gastos veterinarios, de cuidados y medicamentos, días de recuperación y posibles secuelas (entre las que en grados extremos podría significar la muerte del animal), existen unas repercusiones económicas que vendrían de la prohibición de movimiento y comercio de équidos en aquellos casos en los que la legislación vigente y el sentido común así lo dictaminen. Tal es el caso de la Rinoneumonitis Equina, que es una enfermedad de declaración obligatoria en el territorio nacional.

Cualquier programa de vacunación debe estar adecuado a los riesgos particulares de la zona por donde se mueven los animales, al tipo, edad, sexo, y uso de los caballos, y la legislación vigente. En España, y concretamente en la Comunidad de Madrid, no existe en la actualidad ninguna ley que obligue a la vacunación de los caballos y équidos en general. Lo que sí existe son regulaciones de las diferentes asociaciones caballares y de deporte para aquellos caballos que compitan o se reúnan bajo sus normas de competición. Es por esto que los propietarios y jinetes de estos caballos deben estar al tanto de las regulaciones de las distintas competiciones a las que van a asistir para evitar posibles multas o descalificaciones.

 

 

Una vacuna no es más que una colección de los agentes causantes de la enfermedad o de alguna de sus partes (antígenos), modificada de alguna manera para que no produzcan dicha enfermedad, pero que sí estimule al sistema inmune a producir una reacción de defensa (anticuerpos) capaz de reconocer y aniquilar a estos agentes si se les presentara en un futuro. De esta definición podemos extraer que se necesita una reacción de producción de anticuerpos después de ser vacunado, por lo que sus efectos no son inmediatos, sino que necesita cierto tiempo para adquirir los niveles deseados de protección. El tiempo que tarda el organismo en fabricar estos anticuerpos varía de 7-14 días, y 

la cantidad y calidad de estos anticuerpos deben ser suficientes como para garantizar un mínimo de protección contra esa enfermedad. Esto depende de varios factores, entre los que destacamos la edad del animal y el estado de su sistema inmune, que dependerá a su vez de su estado general de salud, alimentación, y carga parasitaria. 

Por lo dicho anteriormente, se nos hace obvio que para que el caballo produzca una buena reacción a la vacuna, su estado de salud debe ser bueno. La duración de esta nueva defensa adquirida o reforzada no dura para siempre, sino que se va desgastando por así decirlo con el paso del tiempo, y es necesario hacer las vacunas de recuerdo para recuperar los niveles aptos de protección. Es importante señalar que no existe vacuna alguna que nos garantice un 100% de protección, ya sea debido a la naturaleza de la vacuna en sí o a los factores mencionados en el caballo, pero si se pueden acercar bastante a estos niveles. Y en el peor de los casos, quizás la vacuna no sea lo suficientemente eficaz para prevenir el contagio, pero sí permitirá que el caballo luche contra la enfermedad de una manera más eficaz, minimizando los síntomas y recuperándose de una manera más rápida y eficaz, evitando los problemas secundarios que conllevaría dicha enfermedad. 

 

 

Existen tres enfermedades en nuestro entorno que, por todo lo mencionado anteriormente, deberían estar incluidas en cualquier programa de vacunación. Estas son la Gripe Equina, el Tétanos, y la Rinoneumonitis Equina.

La Gripe Equina es producida por un virus (orthomixovirus) de similares características al de la gripe humana que todos conocemos y padecemos, y cursa con unos síntomas que seguro nos son familiares. Es una enfermedad muy contagiosa, y cuyo virus se transmite vía aerosol (expectorado en la tos) pudiendo infectar de esta manera caballos en un radio de 25 metros. Cursa de manera aguda, afectando principalmente al sistema respiratorio, y con los siguientes síntomas: fiebre (39.5-41ºC), descargas nasales

bilaterales, una tos fuerte y áspera, debilidad y dolor muscular, inapetencia, neumonía o inflamación de los tejidos pulmonares, y que se puede complicar con la infección bacteriana secundaria y oportunista que se desarrolla sobre la destrucción de las distintas mucosas causada por los virus de la influenza.

Su periodo de incubación es de uno a tres días, y con el cuidado apropiado la mayoría de los caballos se recuperan en unas dos semanas. Otros, sin embargo, pueden mostrar síntomas durante varias semanas o incluso meses, especialmente si no se guarda un periodo de inactividad adecuado.

La gripe no tiene ningún tratamiento específico, otro que el puramente sintomático, y puede causar muchas pérdidas económicas además de la incomodidad de su caballo. Se recomienda la revacunación cada seis meses para mantener niveles adecuados de protección. En determinadas poblaciones equinas de alto nivel deportivo, donde un brote de gripe supondría una catástrofe financiera, se recomienda la revacunación cada tres meses, como es el caso de los pura sangre ingleses. 

Los caballos menores de cinco años tienen un riesgo mayor de contraer la gripe, y de que sus síntomas sean más graves. Aquellos caballos que viajan o son expuestos a otros caballos deberían ser vacunados con regularidad contra la gripe. Las distintas federaciones y asociaciones de caballos tienen reglas propias para los intervalos de vacunación.

El Tétanos es una enfermedad no contagiosa, pero que todos los caballos están siempre en riesgo de contraer, a la que son especialmente sensibles, y cuyo desenlace es casi irreversiblemente fatal.

La produce una neurotoxina secretada por una bacteria (Clostridium tetani) que se encuentra fácilmente en el suelo debido a su gran resistencia en el medio ambiente en forma de esporas, y que puede ganar acceso a través de heridas donde se den las condiciones ideales para su crecimiento, como son la anaerobiosis (falta de oxígeno) y necrosis. Situaciones ideales para esta infección son las heridas de cualquier tipo, pero especialmente las punzantes, las castraciones, complicaciones después del parto en la madre, y ombligos de potros recién nacidos.

Su periodo de incubación es normalmente de una a tres semanas, y puede afectar a animales de cualquier edad.

 

Los síntomas son los derivados de la acción de la neurotoxina sobre las conexiones de los músculos con los nervios que los regulan, interfiriendo con el normal funcionamiento del sistema muscular. Así, los músculos entran gradualmente en estado de rigidez, y los caballos presentan una expresión ansiosa con retracción de los labios, tercer párpado cubriendo parcialmente el ojo, las orejas tiesas, y con rigidez extensora del cuello, los miembros y la cola. Los caballos adoptan lo que se ha venido a llamar postura de “caballito de madera” por la rigidez que conlleva, antes de caer al suelo. Llegado este momento, el espasmo muscular generalizado y la angustia llevan a la incapacidad de levantarse, produciéndose la muerte por asfixia. 

La vacuna contra el tétanos es altamente efectiva, produciendo unos niveles de protección aceptables con niveles muy altos de anticuerpos en muy poco tiempo. Los estudios realizados en équidos demuestran que niveles protectores de anticuerpo permanecen hasta un mínimo de seis meses, y estudios extrapolados de otras especies recomiendan la revacunación anual para mantener su eficacia.

La Rinoneumonitis Equina es una enfermedad contagiosa producida por herpesvirus equino tipos 1 y 4, y que afecta al aparato respiratorio de potros y adultos. Tiene un periodo de incubación de entre uno y cuatro días, después de los cuales se manifiesta clínicamente de forma subclínica o severa por fiebre, desgana, anorexia, descarga nasal, y tos. Los potros y animales jóvenes se afectan de una forma aguda, mientras que los adultos lo hacen de una forma más sub-aguda o latente, que puede recrudecerse durante periodos de estrés como viajes y aglomeraciones de animales.

 

El herpesvirus tipo 1 puede afectar también al aparato reproductivo de la yegua gestante, causando abortos o nacimientos de potros débiles que mueren rápidamente; y al sistema nervioso, causando una enfermedad neurológica paralítica que comienza con debilidad e incoordinación de los miembros posteriores, avanzando a incontinencia urinaria, decúbito e incapacidad de levantarse, y que puede terminar con la vida del animal. 

Ambos herpesvirus se contagian en forma de aerosol cuando tosen los caballos, o de forma directa o indirecta por contacto con secreciones nasales, fluidos fetales y placentas, o con otros materiales infectados que comparten los caballos (mantas, bebederos, etc.).

La vacunación contra estos agentes víricos produce anticuerpos en los caballos vacunados, pero pueden no proteger de forma total. Un buen y consistente plan de vacunación puede en el peor de los casos disminuir la intensidad de los síntomas y el número de caballos afectados, y reducir las consecuencias de la enfermedad que provoquen. Un buen manejo de las yeguas preñadas junto con la vacunación limitará las consecuencias de brotes de abortos producidos por estos agentes.

Existen otras enfermedades contra las que podríamos vacunar a nuestros caballos, como son las paperas, diarrea por rotavirus, la arteritis viral equina, botulismo, encefalomielitis, rabia, etc., pero que por su epidemiología, distribución, legislación, y relación entre el riesgo y beneficio que aporta al animal o comunidad equina a la que está destinada no se realizan.

Por todo lo anteriormente expuesto, y porque existen numerosos factores tanto individuales como colectivos que afectan a la salud de nuestros caballos, lo más indicado es hablar con nuestro veterinario para que nos asesore sobre las enfermedades que pueden afectar a los caballos en una determinada área, y de cuando, como y por qué debemos vacunar a nuestros caballos para protegerles de ellas.

Por último, no beberíamos olvidar los deberes y obligaciones de los caballos que van a viajar o competir dentro y fuera de su región de residencia, y que vienen dictaminadas por los diferentes organismos oficiales de gobiernos y federaciones hípicas de ámbito nacional e internacional.

A modo ilustrativo, y de forma muy general, estas son las recomendaciones que Hospital Veterinario Sierra de Madrid hace a sus clientes:
 



Para más información sobre este y otros temas del cuidado veterinario del caballo puede visitar la página del Hospital Veterinario Sierra de Madrid www.hvsmveterinario.com

Antonio M Hinojosa Pérez LV, MSc, MRCVS
Veterinario Jefe del Servicio Ambulante y Reproducción Equina
Hospital Veterinario Sierra de Madrid

 

 

 

 

 
 

 

 

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