|
Estudiando
la mente de los caballos se dio
cuenta de que la mejor técnica era
la de la recompensa y el castigo.
Insistía en que los jinetes debían
ser pacientes y reprobaba el uso de
la fuerza para lograr éxitos. Ante
esta situación afirmaba: “Los
jinetes que obligan a sus monturas (con
el látigo),
no hacen sino reforzar su miedo,
porque entonces asocian el dolor con
el objeto que los atemoriza.”
El
único problema con el que se
encontró este gran oficial de
caballería de Esparta, era su
carencia de la silla de montar.
Cabalgaban con las piernas estiradas
y los dedos de los pies rígidos y
hacia abajo. Afirmaba que la piel
sudorosa del animal en contacto con
la del jinete proporcionaba una
mejor adhesión.
Por
último Jenofonte creía que el
caballo no era un ser inerte ni un
instrumento para el jinete. Hombre y
caballo formaban una pieza única
inseparable en la cultura, la
civilización y el deporte.
Curiosidades
Los
mercenarios nubios del valle del
Nilo fueron los primeros en utilizar
la silla de montar ya que facilitaba
el combate.
La
introducción del estribo vino de
parte de los hunos de Mongolia en el
siglo IV d.C.
Conde
Cesare Fiaschi (1523
– 1592)
Tuvieron
que pasar muchos años antes de que
llegase otro gran maestro ha
evolucionar las teorías de
Jenofonte. Al igual que éste
promulga un trato paciente con el
caballo (su obra data de 1559) y
recomienda el uso conjunto de manos,
piernas y voz para el
adiestramiento.
Para
obligar al caballo a avanzar se
empleaban métodos como erizos
atados a la cola de los caballos, un
hierro al rojo aplicada en los
posteriores o una barra de hierro
con pequeños garfios. El único
premio por la buena actuación del
animal era dejar de castigarlo. El
Conde recomendaba el uso de un
filete articulado y suave que
actuase sobre la boca. Todas estas
enseñanzas las impartió en Nápoles
y de sus alumnos salieron grandes
maestros.
Federico
Grisone
Fue
discípulo de Fiaschi. Publicó su
libro en 1550 titulado Gli
Ordini de Cabalcare. Siguió con
las enseñanzas de su maestro. En
1532 fundó la Academia Ecuestre de
Nápoles (fue la primera escuela)
donde se entrenaba a los caballos
para hacer ejercicios espectaculares
y de gran dificultad. Su fama se
extendió a través de todos los países
europeos. Sus alumnos eran invitados
para enseñar las técnicas del
maestro.
Tal
era su fama que la reina Isabel I de
Inglaterra mandó traducir el libro
de Grisone al inglés.
Giovanni
Battista Pignatelli (1555
– 1602)
Fue
alumno de Grisone y continuó su
andadura en la Academia de Nápoles.
A parte de todas las enseñanzas de
sus predecesores decidió incorporar
ejercicios con un mayor grado de
dificultad parecidos a los
movimientos circenses. Pignatelli
había observado que los caballos
que actuaban en los circos tenían
un alto grado de obediencia y
equilibrio y que sin embargo no
empleaban ayudas externas como el
bocado ni la fuerza física por
parte de los jinetes.
A
partir de este gran maestro las
ayudas se suavizaron y la doma se
hizo más ligera. Las enseñanzas de
Pignatelli se extendieron durante el
siglo XVII por Europa gracias a sus
alumnos.
Antoine
de Pluvinel
Fue
seguidor de Pignatelli. Su obra
publicada en 1623 fue L’Instruction
du Roy. Su mayor reto fue seguir
suavizando las ayudas exteriores
hasta que casi fueron
imperceptibles. El bocado sólo lo
utilizaba con los caballos que tenían
un buen adiestramiento. Introdujo
movimientos más complejos como el
passage o los cambios de pie cada
dos o tres trancos, además de las
actuaciones en dos pistas. Se
caracterizó por un método más
refinado en la doma que sus
antecesores. Recurrió en casos muy
puntuales a las espuelas y la fusta.
Enseñaba
a sus alumnos a montar sin riendas,
mientras los caballos realizaban
ejercicios de Alta Escuela. El
adiestramiento de los potros
comenzaba con la sujeción de la
cabezada de cuadra. Cuando el potro
se habituaba introducía la brida y
la silla y sólo al final de este
adiestramiento permitía que el
potro fuese montado por un jinete de
poco peso.
Una
vez más insistía en la paciencia y
en la suavidad por parte del jinete.
Curiosidades
De
las espuelas opinaba que era “el reconocimiento del fracaso.”
William
Cavendish (duque de Newcastle, 1592
– 1676)
Se
formó en la Escuela de Nápoles
para después fundar su propia
escuela en Bélgica que trasladaría
a Inglaterra al castillo de Bolsover.
Se le conoció por su dureza en la
doma de los caballos. Pensaba que si
los caballos actuaban bajo el miedo,
obedecían mejor. Pero a pesar de
esto nunca inflingió severos
castigos.
Su
fuerte era el trabajo en el
picadero. Publicó un libro titulado
A
method to Dress horses and
estrordinary invention and work them
acording to Nature (1653) en
donde afirmaba que: “la
frecuente repetición fortalece la
memoria”, y en esto basó sus
enseñanzas. Fue el primero en darse
cuenta de que los caballos poseían
memoria y de esto se aprovechó.
Pero sin embargo, esta teoría se
podía volver en contra del
adiestrador cuando el aprendizaje de
base había sido erróneo.
Al
contrario que otros, siempre
utilizaba espuelas para dar una
mejor sujeción al jinete, además
llevaba una fusta en cada mano (como
todavía lo hace la Escuela Nacional
de Viena) para indicar al caballo a
que mano ir. Otras de sus grandes
ayudas fue la voz.
Curiosidades
Dos
de sus mejores alumnos fueron Carlos
III de Inglaterra en las carreras y
el príncipe Ruperto en la caballería
militar.
François
Robinchon de la Guérinière (1688
– 1751)
Se
le conoce mundialmente por ser “el
padre de la equitación clásica”.
La base moderna se centra en las
teorías de este caballero. Tanto
las Escuelas de Versalles, Saumur
como la Escuela de Equitación Española
de Viena se basaron, siguiendo dos
corrientes diferentes, en el
resultado del trabajo de De la Guérinière.
Por otro lado dirigió la Escuela de
Las Tullerías (fundada por Luis XIV)
a partir de 1730.
Su
sistema se basaba en los movimientos
naturales del caballo, en la
flexibilidad y por último en que el
caballo actuase sin necesidad de
inflingirle castigo físico. Es el
inventor del movimiento espalda
adentro como ejercicio de
flexibilidad y de la silla que
incorporaba acciones para las
piernas (todavía se usa en la
Escuela de Viena). En 1733 publicó École
de Cavaliere.
Desarrolló
el trabajo en 2 y 4 pistas y trabajó
los movimientos laterales. Para el
manejo del caballo abogaba por la
intervención del asiento, piernas y
la rienda.
D’Aurbergne
Su
mayor logro fue dotar a la doma una
menor rigidez y formalidad. Quería
que la caballería militar fuese “menos académica, más simple, natural y audaz, ciertamente más
militar, pero no menos brillante en
su teoría que en su práctica.”
Fue
el primer director de la Escuela
Militar de París.
François
Baucher (1796 – 1873)
Publicó
su obra Dictionnaire
Raisonné d’Équitation en
1833. Fundó las escuelas de
Le Havre y Rouen y las dirigió de
manera conjunta. Se fijó sobretodo
en el mundo del circo y desde su
pista divulgaba sus principios. El
problema es que de cara a ciertos
estamentos de la sociedad enseñar
en el circo perjudicaba su imagen y
desvirtuaba sus enseñanzas. De este
modo convenció al duque de Orleáns
para que le dejase entrenar a alguno
de sus regimientos bajo sus métodos.
El Duque accedió pero antes de que
Baucher pudiera empezar sus clases
el Duque de Orleáns murió, así
que se suspendió el acuerdo.
Sus
consejos iban dirigidos directamente
al trabajo del jinete. Es el jinete
el que se debe ocupar de todo si había
conseguido anular las resistencias
del caballo. Recomendaba actuar
sobretodo en la mandíbula y cuello
para flexibilizar la musculatura
impulsora. Además fue el inventor
del cambio de pie al tranco.
Curiosidades
Sus
mejores alumnos fueron Alexis François
L’Hotte conocido como el
“soldado de hielo” y James
Fillis.
Sus
enseñanzas vinieron condicionadas
por un accidente. Mientras ensayaba
una serie de ejercicios en la pista
del circo, una lámpara de araña
que iluminaba la estancia se cayó
sobre el maestro lo cual le dejo
semiparalítico de las piernas.
Desde ese punto, reivindicaba una
equitación a base de “mano
sin pierna – pierna sin mano.”
Nuria
B. Martínez - OcioCaballo
|