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Capítulo
IV.-
Se abre la investigación
El
encuentro fugaz con el caballo fue impactante para
Eli, tanto que en toda la comida no pudo articular
palabra mientas lo hacía.
Sus
pensamientos se agolpaban.
En
primer lugar debía ser discreta. Si se lo contaba
a sus padres, le
prohibirían volver allí
aludiendo que podría resultar peligroso,
así que tenía que llevarlo a cabo ella sola en
el máximo secreto.
Tampoco
su hermano debía saberlo. Ese pequeño bocazas lo
contaría todo.
Así
pues por la tarde nuevamente tomó su bici y se
dirigió al pueblo, donde fue recorriendo aquellos
lugares en los que consideró que podrían darle
la información que necesitaba.
Estuvo
en el Ayuntamiento y en la Biblioteca, en ambos
sitios la atendieron con amabilidad y no fue
complicado, ya
que todos en el pueblo recordaban perfectamente el
incendió que hace 5 ó 6 años asoló los
establos de la casa de los Garrido, antiguos dueños
de la casa que
ellos había
adquirido.
-Por
suerte no hubo víctimas. –le explicó la
bibliotecaria-, aunque la hija pequeña de los
Garrido, estuvo a punto de perecer pasto de las
llamas, cuando se introdujo en las cuadras para
rescatar a su caballo, un preciso potro alazán
que había comenzado a montar por aquel entonces.
-¿Y
pudo salvarlo?-pregunto Eli emocionada.
-Creo
que tan solo tuvo tiempo de abrir el cerrojo,
cuando su padre la sacó al exterior. La nube de
humo negro que envolvía todo
impidió reconocer que animales pudieron
salir monte arriaba y cuales morían calcinados
por las llamas.
Lo cierto es que allí no quedó nada y
ellos vendieron la casa y se fueron a vivir lejos
de aquí.
La
mujer que miraba a Eli por encima de sus gafas,
quiso completar sus información pero carecía de
más datos y después de pensar un momento, añadió:
-Mira,
¿Sabes quien te puede decir algo mas?, el antiguo
profesor de equitación de la niña. Él los conocía
bien y creo que anduvo días buscando por los
alrededores por si se encontraba vivo y perdido
alguno de los caballos.
Todo
esto a Eli le estaba resultado la aventura más
excitante de su vida, por lo que sin dudarlo siguió
las indicaciones de la señora y se dirigió hasta
la casa del monitor en las señas que ella le había
proporcionado.
Tocó
con sus nudillos en la pequeña casa de
pueblo y apareció ante ella una anciana de pelo
blanco, que tras recorrerla con su mirada de
arriba abajo pregunto:
-¿Y
tú quien eres? No te he visto nunca por aquí.
-Vivo
a las afueras y solo desde ayer. Estoy buscando a
un señor que imparte clases de equitación.
-Si,
es mi hijo –respondió la mujer, sin demasiado
entusiasmo-, pasa y espera que voy a buscarlo, me
parece que anda por la finca.
Eli
se acomodó en una desvencijada silla de madera y
mientras la mujer salía al exterior,
ella recorrió discretamente con la mirada
una serie de fotos que había sobre un antiguo
aparador.
Inmediatamente
llamó su atención una
en la que una niña de aproximadamente su
edad, aparecía
junto al profesor que sujetaba del montante a un
precioso caballo alazán.
-¡Es
él! -exclamó
entusiasmada- mientras
se acercaba y tomaba la fotografía en sus manos
para poder observarla mejor.
Estaba
tan abstraída en su descubrimiento que no oyó
unos pasos firmes
que avanzaban tras ellas en la habitación
y no pudo evitar un sobresalto cuando una voz
grave le dijo a su espalda:
-¿Se
puede saber quien eres?, ¿Qué haces tocando mis
cosas?
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