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Capítulo
V.-
Mi secreto
compartido
Eli
se quedó paralizada y por un momento se le heló
la sonrisa.
-Disculpe,
solo estaba mirando...
-Está
Bien- interrumpió él- ¿Qué buscas
exactamente?.
La
niña le relató de la forma más breve que pudo,
cual era el motivo de su interés.
Mientras
aquel hombre la observaba
curioso y desconfiado al mismo tiempo.
Reflexionó
unos momentos y comprendió que no había nada
raro ni oculto, en aquella visita inesperada de
una adolescente jugando a los detectives, por lo
que inmediatamente se relajó tomó asiento y la
invitó a que ella hiciera lo mismo.
-Bueno
pequeña, ¿Cómo
te llamas?
-Eli,
-contestó ella algo más relajada-
-Pues
mira Eli –continuó el mientras lanzaba la
mirada al vacío, como intentando concentrarse en
aquel episodio pasado que intentaba recordar-. Fue
un suceso muy triste. Los Garrido, era una buena
familia que perdió todo en aquel terrible
incendio y quiso marcharse de aquí y emprender
una nueva vida en otro lugar. Tenía una hija, se
llamaba Laura y sería
más o menos tu edad. Era una gran
apasionada de los caballos y yo le daba clases de
equitación. Montaba una preciosa yegua, aunque en
la cuadra tenían mas de veinte caballos.
Su
preferido era un bonito potro de apenas 3 años
que estábamos comenzando a desbravar, me temo que
todos los animales murieron pasto de llamas o
intoxicados por el gas, pero eso no se pudo
comprobar, ya
que la confusión era enorme por la oscuridad de
la noche el fuego y el humo convirtió todo en un
caos.
Durante
los días posteriores hice batidas por los
alrededores, pero nunca encontré nada.
-¡Pues
él está vivo! –interrumpió Eli con alborozo-
-¿Quién
esta vivo?
-Hay
un caballo, yo lo he visto merodeando por la casa,
debe ser uno de ellos.
-¿Estás
segura de lo que dices? -Preguntó incrédulo el
monitor-
-Si,
le he tenido delante de mi,
es precioso color alazán y con una
manchita blanca en la frente.
-Mira
-dijo el hombre mientras se rascaba
dubitativamente la cabeza- vamos a ir juntos a la
zona donde lo has visto, no se porque pero creo
que estás diciendo la verdad y por tu descripción
pienso que pudiera ser aquel potro, que haya
crecido asilvestrado en el monte durante estos años,
¡Vamos, tenemos que ir a buscarlo!
Eli
entusiasmada, le siguió sumisa y mientras el
conducía un destartalado todoterreno, la niña
iba delante con su bicicleta guiándole hacia la
zona del río donde
le había visto esa misma mañana.
Después
de un largo rato siguiéndola, el hombre paró su
coche y sacando la cabeza por la ventanilla gritó:
-Oye
niña, para ya, yo me vuelvo. Esto es absurdo aquí
no hay nada, creo que lo has debido soñar.
Por
unos momentos Eli se sintió tan desilusionada que
le entraron ganas de llorar, mientras en giraba el
volante y enfilaba el camino
hacia el pueblo. Ella hizo lo mismo
quedando entonces
tras el coche siguiéndole
de vuelta a casa con una gran decepción.
Un
frenazo del todoterreno la hizo reaccionar y al
levantar la vista...! Ahí estaba él!, como
siempre, desafiante
en mitad del camino y con sus ojos brillantes
fijos en ellos, las crines al viento y su silueta
recortada por el crepúsculo de la tarde.
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