|
Capítulo
VI.- El amor
a los animales.-
Ante
la mirada atónita de la niña, el hombre descendió
del vehículo con suavidad y sin hacer ningún
movimiento brusco,
comenzó a caminar hacia él con paso firme
pero lento y la mano derecha
extendida hacia delante mientras en la
izquierda escondía
con su propio cuerpo una especie de cuerda
enrollada.
Se
detuvo a casi más de un metro de distancia del
caballo y así permaneció inmóvil unos minutos
hasta que el animal que estiraba su cuello
intentado olfatear la mano avanzó un tranco o
dos.
Eli
no quería ni pestañear para no romper el
silencio e interrumpir aquella situación.
Suavemente
el hombre comenzó a acariciarle mientras el
animal se mantenía
curioso y desconfiado a la vez. Así
trascurrieron unos minutos hasta que ante la
mirada atónita de Eli, el monitor giró sobre sus
pasos caminando hacia ella, mientras el caballo le
seguía sumiso como
un perrito.
-¿Te
ha reconocido?, preguntó la niña entusiasmada.
-Creo
que si, estos animales tienen muy buena memoria,
aunque por eso mismo no es fácil que olvide sus años
en libertad de repente.
Mira
pequeña esto nos va a llevar tiempo, pero poco a
poco iremos consiguiendo que confíe en nosotros y
nos considere sus amigos, será una tarea larga
pero muy gratificante, ¿Te apetece ayudarme?.
-¡Por
supuesto que si!
De
esta manera y con la destreza del profesor y el
cariño de Eli, aquel animal que durante años había
vivido perdido y solo
en el monte, volvió a encontrarse con el
hombre al tiempo que la niña descubrió en medio
de esta nueva faceta de su vida, que aquello que
había comenzado para ella como una aventura dio
un giro, en el qué el contacto con la naturaleza
y el la satisfacción de amar a los animales, se
convirtió para
siempre en la experiencia más bonita de su
existencia.
|