|
Este
es un punto esencial cuando
trabajamos con caballos abusados,
maltratados que tienen mucho miedo.
Por más que haya una meta: PONERLE
LA CABEZADA, es necesario observar
en qué circunstancias está el
animal, porque si no vemos cómo está
podemos equivocarnos y por prisas
empeorar la situación. Esto es lo
que se llama OBSERVAR LOS PASOS. El
trabajo hecho con paciencia y
delicadeza.
Entonces
el primer paso fue entrar al box.
Temblaba tanto que solo me quedaba
quieta y le hablaba muy suave para
que no se asustara más. Además
usaba mi cuerpo para mandarlo para
delante pues se iba para atrás y no
quería perder su contacto. Intenté
hacerle oler la cabezada y se asustó
muchísimo, entonces, lo dejé y le
acerqué mi mano con el puño
cerrado para no pensara que era una
garra. Su relación con los hombres
le había dado demasiadas razones
para pensar que todos éramos
predadores. Poco a poco lo pude
tocar un poquito. Incluso pude
acariciarlo con la cabezada y cuando
se relajó, y no quiso huir, lo dejé
descansar como premio por el gran
paso que había dado. Este trabajo
lo hicimos durante la mañana.
A veces esto parece poco, sin
embargo para Negrito fue un gran
paso.
Algunos
dicen que "Lo bueno si breve
dos veces bueno", y en este
caso fue así. Negrito necesitaba
aprender a confiar, empezar todo de
nuevo. Sentía claramente que si me
apuraba con él podía ser catastrófico.
Esa
misma mañana además tomó un
medicamento homeopático llamado Árnica.
Este medicamento se obtiene de una
planta que es bien conocida por sus
propiedades antiinflamatorias. Su
pomada se usa en forma cuando hay
golpes, traumas e incluso
hemorragias. Pero tiene además un
uso más sutil cuando se usa una
potencia más alta, como la que tomó,
una 200, porque de este modo actúa
en un nivel mental y anímico. Tan
traumatizado, golpeado y magullado
(psíquicamente) como estaba, Árnica
200 seguramente lo iba a ayudar a
superar su miedo, como ocurrió por
lo que me enteré en los últimos días
que luego les contaré.
Cuando
un
caballo ha sufrido tanto, trato de
trabajar poco para no presionarlo,
pero con la intención de que se
quede con algo positivo para sentir
y pensar. Así hice con este caballo
y volvimos con los alumnos del curso
a la tarde. Hubo una sorpresa y fue
que un alumno del curso se
encontraba en el box haciéndole
unos masajes que el caballo recibía
bien. Volví a entrar en su box, y
su temblor había disminuido un 50
%. Entonces como quería trabajar un
lugar más abierto para tener otras
opciones de comunicación, le
abrimos la puerta del box y lo
dejamos salir, guiándolo entre
todos para que entrara en un corral.
Lo
dejé un rato en el corral para que
pudiera investigar, caminar,
defecar, orinar, oler, y hacer todo
lo que necesitara. Como necesitamos
la atención del caballo para
trabajar, conviene dejar que haga lo
que necesite hasta que pueda prestar
atención. Entonces comencé a
tantear como podía hacer para
contactar con él. Cuando me
acercaba, huía, entonces lo hacía
huir un poco más sin presionarlo
demasiado porque quería que me
tomara por amiga y no como
predadora. Así fue, que poco a poco
huía menos y trataba de estar más
cerca de mí pero sin dejarse tocar.
Ocurrió que por momentos necesitaba
corcovear, hecho que me parecía benéfico
porque realmente lo necesitaba. Había
que ver lo contraído que estaba,
como estaba su columna, su grupa con
las patas metidas para dentro. Lo
felicitaba con mi voz cuando
corcoveaba pues era muy claro que no
lo hacía en mi contra, simplemente
era una necesidad física de
liberación. ¡Había perdido la
confianza hasta en su propio cuerpo!
Este
segundo paso, también fue
productivo, pues pude acercarme
bastante más y cada vez temblaba
menos cuando le acercaba la mano.
Nuevamente lo dejé cuando demostró
un poquito más de confianza.
A
la mañana siguiente cuando llegué
al box, estaba con su cabecita
afuera y con más ganas de contacto.
No se iba para atrás como el día
anterior. Todos lo notamos, tenía
mucho más relajada la expresión y
cuando lo sacamos al corral su
cuerpo estaba más extendido y
abierto. Tenía la expresión de la
vida nuevamente en su cuerpo.
Entonces me dejé llevar por la
intuición, justo estaban con
nosotros algunos niños. Y se me
ocurrió lo bien que le haría estar
con niños. Los niños le cortaron
mucho pasto verde y fresco, y
Eduardo uno de los niños empezó a
darle de comer, Negrito tomaba
unos bocados y se iba. Pero cada vez
se quedaba más cerca. Aprovechamos
para ver la actitud de Eduardo,
relajada y confiada. Luego se
acercaron unas niñas que desde
fuera del corral le daban de comer.
Entonces cuando la situación estaba
establecida les sugerí otra pauta
de trabajo. Que le tiraran pasto en
el cuerpo. Como negrito tenía tanto
temor al contacto, me pareció que
esta era una manera suave para
desensibilizarlo. Le tiraban el
pasto, hacían gestos fuertes,
ruidos y ademanes que podían
parecer muy amenazantes. Al
principio se iba para atrás y
miraba. Pero cada vez volvía y se
quedaba confiando un poco más. Cada
tanto yo entraba al piquete y lo hacía
trabajar con la intención que me
aceptara. Lo bombardeamos de estímulos
aparentemente amenazantes, pero cariñosos
al fin. Y así nos respondió.
(Imagen 2).
Como
ven en esta foto, uno de los estímulos
era el ramal que tanto lo aterraba.
Le cambiamos una idea condicionada.
Juntamos el ramal, con el pasto y la
voz calmante como estímulos
positivos. Ya no huía como el día
anterior en que solo ver u oler el
ramal lo hacía temblar y huir.
Volví
a trabajar presionándolo cuando huía
y quedándome quieta cuando se me
acercaba y la distancia de huída
disminuía cada vez en varios centímetros.
Lo hice con la cabezada en la mano y
sin él. Terminó el trabajo
distendido, con la mirada abierta y
con una expresión de sorpresa, como
diciendo: "Con algunos puedo
comunicarme sin que me dañen".
Negrito es muy manso como decimos
los argentinos y necesitaba solo
encontrar un ámbito de trabajo.
Llegué
hasta esta parte del trabajo con él.
Pero
algunos de mis alumnos que siguen
yendo a Sierra Norte, se tomaron el
trabajo de seguir en contacto con él.
Creo también que trabajó con Lucy
Rees. Las últimas noticias son que
le ponen la cabezada, que busca a la
gente, que está muy bien.
En
fin, es una historia de amor y
paciencia. Como podemos cambiar una
situación por otra cuando hay una
fuerte intención.
Además
del trabajo que hemos realizado las
personas que tuvimos contacto con él,
quiero comentar algo más acerca de
cómo funciona un medicamento homeopático.
El medicamento que en este caso fue
Árnica, funciona de manera suave,
permanente y durable. Arnica está
indicado cuando hay sensación de
magulladura, mucho miedo al
contacto, temor de ser golpeado,
maltratado. Todos síntomas reales
que Negrito tenía y con razón.
Pero como el medicamento actúa como
les decía en un nivel sensitivo,
ayudó a este animal
por las circunstancias
positivas en las que se encontró, a
superar los traumas. Un medicamento
homeopático bien prescripto ayuda a
que el proceso de recuperación física
y mental, sea más rápido y
efectivo. (Imagen 3).
Cuando
tenga más noticias de Negrito,
volveré a escribir acerca de él,
por suerte las noticias que llegan
son cada día más positivas.
Es
tan bonito y mansito que me lo quería
traer en mi maleta.
Anahí
Zlotnik MV
- Escuela
"Sierra Norte"
CURSO
DE COMUNICACIÓN CON EL CABALLO -
Mayo del 2003
>> Más
didácticos
|