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APRENDER A MONTAR.- |
El proceso del alumno que decide un buen día comenzar a montar, suele ser una historia que se repite una y mil veces, siguiendo la misma evolución que tantos otros, porque en éste como en otros campos todo está inventado.
Unos padres ilusionados y un niño que observa entre admiración y deseo, lanzarse al vertiginoso mundo de la hípica. Un sueño común les lleva a imaginar dadas las cualidades iniciales del chaval , un futuro lleno de gloria y de trofeos, para lo cual aceptan sumisos todas las indicaciones y enseñanzas del monitor.
Felices, disfrutan del momento y se congratulan por haber encontrado el lugar y el profesor idóneo donde verán cumplidas sus expectativas de triunfo.
Pasado el primer momento en que todo es perfecto, comienzan a introducirse en un mundo complejo, el alumno avanza y... empiezan a comparar.
Las instalaciones que en un principio eran las mejores, ya tienen algunas carencias, ese entrenador que era nuestro ídolo, ya no es tan bueno si nos fijamos en otros.
En ese instante comienza un peregrinaje, un recorrer hípicas en busca de un buen profesional. El caballo que hace un tiempo era suficiente porque tenía lo que todos, cuatro patas y dos orejas, ahora “se ha quedado pequeño”, porque nuestro futuro olímpico necesita un animal con aires, buen origen y clase.
Se llegan a pagar auténticas fortunas por un caballo que en la mayoría de los casos el niño, se las ve y se las desea para poder controlar. El crío entra en crisis y duda si dejar de montar, para dedicarse a jugar al tenis o a bailar sevillanas. Mientras los padres se ven inmersos en un gasto mensual, que rompe todas las previsiones y se quejan sin cesar de lo caro que es este deporte. Pero en el fondo lo pagan orgullosos, porque su hijo da clases con el mejor y presumen del entrenador, como si de ellos mismos se tratase, olvidando que porque alguien haya sido mil veces campeón, no quiere decir que sus alumnos lo sean.
Resulta muy triste cuando preguntas a los jinetes, después de recibir un premio : “¿Quién te ha preparado?”, siempre citan a su último entrenador. Creo que sería justo recordar a quien realmente, puso en ellos los cimientos del resultado actual, quien quizá un día despertó en ellos la afición y sufrió esos momentos tan poco gratificantes de enseñarle a trotar, a coger equilibrio e incluso las riendas.
Sería mucho más bonito y dice más en vuestro favor, recordar todos los momentos y personas que os ayudaron , aunque solo sea porque como dice el refrán : “ Es de bien nacidos ser agradecidos” .
Rosa Cabero