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Según
la propia obra de Cervantes, a Don
Quijote le costó mucho ponerle
nombre a su caballo. Estuvo cuatro días
así y después de imaginar muchos
nombres le dio el de Rocinante por
pensar que era el primero de todos
los rocines del mundo y que además
era un nombre que sonoro y alto.
Nadie
puede determinar el color de
Rocinante puesto que Cervantes no lo
detalla en ningún momento durante
su obra. Cuando se le ha
representado se le dibuja en todas
las capas. En lo que sí coinciden
todos los que le representan es en
la delgadez y en sus huesos marcados
por todo su cuerpo.
Después
de la Biblia, El
Quijote es el libro más veces
reeditado y traducido a más
idiomas. Hoy en día el espíritu
del hidalgo caballero sigue presente
y eso es lo que hace que sus
aventuras se sigan leyendo y
estudiando.
Nuria
B. Martínez - OcioCaballo
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