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Texto:
Nuria B. Martínez / Fotos: Manuel García |
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Las
carreras de Sanlúcar: 160 años corriendo por las
playas

Cuenta
la leyenda que el Dios Febos al llegar a las costas de
Sanlúcar desenganchaba a sus caballos de fuego de la
carroza para que descansaran y corrieran libres viendo
la puesta de sol. La historia nos habla de que al
anochecer los comerciantes de pescado, que querían
evitar los impuestos, descargaban la mercancía en la
playa y la cargaban en caballos negros que galopaban por
la orilla del mar al abrigo de la noche, así surgió la
rivalidad entre unos y otros que apostaban por ver quién
sería el más rápido.
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Hoy,
en pleno siglo XXI, la playa de Sanlúcar de
Barrameda, situada entre la puesta de sol y el
Coto de Doñana, se ha convertido en el hipódromo
natural más espectacular del mundo que acoge
durante seis jornadas en verano a aficionados,
curiosos, turistas y veraneantes que asisten a las
carreras tanto desde sus sombrillas como desde los
palcos.
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Una
organización histórica
El
31 de agosto de 1845 se celebraron las primeras carreras
de caballos por las playas de Sanlúcar ya reglamentadas
y con normas de aptitud, peso y velocidad. El recorrido
se estableció en algo más de dos kilómetros desde
Bajo de Guía hasta las Piletas acorde con el calendario
de las mareas cuando hay bajamar.
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Los
primeros estatutos fundacionales de la Sociedad de
Carreras de Caballos de Sanlúcar de Barrameda, como
organizadora del evento, impresos en noviembre de 1845,
establecían “el fomento de la raza caballar
andaluza” y se indicaba que “una de las actividades
que llevará a cabo la sociedad será la celebración de
carreras de caballos con tal fin.” En 1981, la antigua
Sociedad se refunda ampliando las jornadas de competición
a dos ciclos de tres días cada uno de ellos
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además
de oficializarse las carreras e integrarse dentro del
circuito hípico nacional junto con las de Madrid, San
Sebastián y Sevilla.
Sombrillas,
apuestas y fino
El
régimen de las mareas es el encargado de establecer el
calendario de competición; cada año se consultan las
tablas de mareas y se fija la fecha de celebración del
primer ciclo, es decir, los tres primeros días de
competición coincidiendo con la bajamar y que deja
sobre la playa una arena húmeda traída por las mareas
idónea para correr. Catorce días después de la última
jornada se celebra el segundo ciclo con otros tres días
de competición y que es el preferido por los turistas.
Se
da la salida y el jeep de la Guardia Civil comienza a
acelerar al mismo tiempo que los caballos salen de los
cajones y levantan a su paso la arena húmeda de la
playa, otro jeep cierra la comitiva dando paso a la
invasión de bañistas que desde dentro del agua ven el
final de la carrera, en la línea de meta están los
palcos y el público que se viste de domingo para ver a
los caballos cargado con los boletos de apuestas, la
copa de fino y los prismáticos para no perder detalle.
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A
lo largo del recorrido se colocan las casetas de
apuestas infantiles: detrás de las cajas de cartón
fabricadas por los niños y regentadas por ellos mismos
todo el mundo puede apostar (mínimo 20 céntimos, máximo
1 euro), a cambio se entrega un boleto con la apuesta a
caballo ganador, si se acierta se cobra 3 a 1. En la
propia arena, el palco para la entrega de premios, el
paddock, los boxes, las casetas de apuestas y la prensa.
Las carreras de Sanlúcar fueron declaradas Interés Turístico
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Internacional,
hasta el punto de que periodistas nacionales e
internacionales se acreditan para hacerse eco de lo que
son los caballos en la playa y la pasión de Andalucía.
Otro de los argumentos importantes, para que jinetes y
propietarios se desplacen hasta Cádiz, son los grandes
premios que donan las empresas, entidades e
instituciones andaluzas para la causa.
Por
estos motivos y otros muchos, la población de Sanlúcar
de Barrameda, bañada por el Atlántico y el
Guadalquivir, se convierte cada verano en el centro de
las miradas deportivas, turísticas y sociales. Y es que
sólo el galope de los caballos nos puede hacer olvidar
la puesta de sol sobre el Coto de Doñana.
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