Los caballos no siempre cabalgaron por el desierto del Antiguo Imperio. Los equinos sólo entraron en la vida de los egipcios cuando se hicieron indispensables para la guerra alrededor del año 1.590 a.C.
Los caballos nunca habían sido utilizados por esta civilización ya que los habitantes del valle del Nilo tenían cubiertas sus necesidades de transporte con tres métodos básicos: la tracción humana para trabajos delicados, a lomos de asnos para el transporte y las labores agrícolas y el transporte fluvial para las mercancías pesadas, el cruce de una orilla a otra y las largas travesías.
Sin embargo, la guerra con los hicsos abrió los ojos al Faraón y a sus jefes militares. Su sistema de guerra era por medio de tropas de infantería reclutadas del campesinado y desplazadas a pie con armas sencillas de cobre, mientras que sus enemigos utilizaban el transporte rodado tirado por caballos, tenían mejores armas fabricas en bronce, recorrían mayores distancias y todo con más precisión y rapidez.
Los caballos nunca habían sido utilizados por esta civilización ya que los habitantes del valle del Nilo tenían cubiertas sus necesidades de transporte con tres métodos básicos: la tracción humana para trabajos delicados, a lomos de asnos para el transporte y las labores agrícolas y el transporte fluvial para las mercancías pesadas, el cruce de una orilla a otra y las largas travesías.
Sin embargo, la guerra con los hicsos abrió los ojos al Faraón y a sus jefes militares. Su sistema de guerra era por medio de tropas de infantería reclutadas del campesinado y desplazadas a pie con armas sencillas de cobre, mientras que sus enemigos utilizaban el transporte rodado tirado por caballos, tenían mejores armas fabricas en bronce, recorrían mayores distancias y todo con más precisión y rapidez.
Thut-mose I se dio cuenta de la necesidad de reformar su ejército incorporando el carro y los caballos a sus destacamentos. En un primer momento, en Egipto no se conocía ni la fabricación de carros ni se daba la cría caballar por lo que fue preciso que en las sucesivas campañas militares se capturasen animales y se confiscasen carros como botines preciados de guerra.
La fabricación del carro
Fue la dinastía XVIII la que puso en marcha la construcción propia de carros, imitando los modelos conocidos, con el fin de formar un amplio cuerpo de carros de guerra y animales de tiro.
El carro inicial se componía de una caja con armazón de maderas curvadas y con suelo en forma de D a partir de tiras de cuero. En la caja se enganchaba un timón de una sola pieza al que se le acoplaba el yugo de forma transversal y cada lado un horcajo para enganchar a los equinos. También unido a la caja, el eje central de las ruedas de unos dos metros que se aseguraba de dar estabilidad y velocidad al carro. Por último las ruedas de madera sujetas al eje por un pasador lo que permitía que en caso de rotura se cambiasen de forma fácil y rápida.
Así con el paso de los años, lo que comenzó siendo un instrumento de guerra, pasó a ser la herramienta indispensable para la patrulla de fronteras en el desierto y después un elemento básico de distinción social.
Algunos datos curiosos
Todos los datos que conocemos en la actualidad son gracias al buen estado de conservación de los seis carros hallados en el Valle de los Reyes y que ahora se pueden visitar en el Museo de El Cairo y otro encontrado por Rosellini y que se expone en el Museo de Florencia.
Como el carro y el caballo eran elementos desconocidos, los escribas tuvieron que inventar palabras específicas para designar estos elementos, así htr seguida de un corcel significaba “tiro de dos caballos”.
En un momento de la historia de Egipto, durante el reinado de Thut-mose I, el carro de combate y los caballos llegaron a ser más valiosos que el propio oro, por eso sólo el faraón podía acceder a ellos y fue el primer interesado en investigar todas las posibilidades del nuevo vehículo.