Ayer amanecíamos con la estremecedora noticia del fallecimiento de la amazona navarra Elena Legarra Martiarena, acaecido como consecuencia de un triste accidente al finalizar una competición hípica.
Inevitablemente, este tipo de sucesos hacen reflexionar o por lo menos deberían hacerlo, ya que lo más frecuente es huir de lo difícil y del sufrimiento, pero no queda otro remedio que aceptar que nuestra existencia es finita.
El final es siempre inesperado, por eso la recomendación de disfrutar cada día lo más posible, es mucho más que un tópico. Alcanzar a comprender que nadie escapa de la fragilidad de la vida es horrible, pero ayuda. Vivimos como si fuéramos dueños de nuestra propia existencia y cuesta aceptar cuando alguien se nos va inesperadamente.
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La certeza de la muerte es triste, pero también es una llamada urgente a comprometerse con las partes de la vida más significativas para cada uno y abandonar tan pronto como se pueda, todo lo que estorba, lo frívolo y superficial.
Pensamos que tendremos tiempo para todo, posponemos las cosas y nos convencemos de que después es siempre el mejor momento. Lo que hacemos hoy es lo único que importa, disfrutando del presente.
Nos gustaría aprovechar estas líneas para unirnos al dolor de los familiares y amigos de Elena y enviarles toda nuestra fuerza y cariño.