Después un año nutrido de competiciones a nivel territorial, nacional e internacional, donde nuestras más jóvenes estrellas de la hípica han participado en los diferentes campeonatos de su Comunidad, de España y Europa disputados en todas las disciplinas aprovechando los primeros días de 2025, queremos brindarles nuestra más sincera felicitación por los resultados obtenidos y por ser tan afortunados de poder disfrutar de este deporte que les apasiona.
Inevitablemente es obligado valorar la parte tan importante que ocupan los padres en el desarrollo de estas carreras, que sería imposible llegarán a dar frutos sin su apoyo incondicional, con horas de angustia, madrugones, días de frío o calor y mucho dinero invertido en algo, cuya mayor compensación es ver felices a sus hijos.
En el día a día donde podemos ver como aprovechan su tiempo de ocio gran parte de la juventud, no podemos por más que llegar a la conclusión de que a pesar de los pesares, estos padres son unos auténticos afortunados.
Si comparamos la preocupante tendencia de los jóvenes a la inactividad en los momentos de asueto y falta de motivación, queremos felicitar a los progenitores de nuestros deportistas que sin dejar de vivir su juventud a tope y ser parte activa de nuestra actualidad, con sus perfiles en redes sociales y el whatsapp como compañero inseparable, saben conjugar la diversión con sus estudios y entrenamiento.
El deporte ha sido, desde tiempos inmemoriales, una actividad que trasciende el ámbito físico para convertirse en una herramienta fundamental en la formación de individuos y sociedades. En el caso de la juventud, esta práctica adquiere un valor incalculable.
Uno de los primeros valores que el deporte inculca es la disciplina. La rutina de entrenamientos, el cumplimiento de horarios y el esfuerzo constante para mejorar las habilidades enseñan a los jóvenes a comprometerse con sus objetivos. Esta disciplina se convierte en una herramienta aplicable a otras áreas, como el estudio o el trabajo, demostrando que el éxito no es cuestión de suerte, sino de dedicación constante.
Por otro lado, la perseverancia se convierte en un valor esencial. El deporte no es lineal; está lleno de victorias y derrotas, éxitos y fracasos. Aprender a levantarse después de una caída, a intentarlo una y otra vez, forja un carácter resiliente en los jóvenes, capacitándolos para enfrentar los desafíos de la vida con valentía y determinación.
Asumen la responsabilidad de la competición, saben ganar y perder, viven en obligado contacto con la naturaleza puesto que tienen a su cargo un caballo al que cuidan con esmero al ser su compañero de fatigas y pasan largas horas al aire libre montando.
El respeto es otro de los pilares fundamentales que el deporte promueve. Respetar al adversario, a los jueces, al reglamento y, sobre todo, a uno mismo, es una lección que los jóvenes interiorizan a través de la práctica deportiva. En un mundo donde el respeto muchas veces parece estar en crisis, el deporte se erige como un recordatorio de su importancia.
El deporte impulsa a los jóvenes a superar sus propios límites, a descubrir el potencial que desconocían que tenían. Cada entrenamiento, cada competición, cada meta alcanzada es una prueba de que con esfuerzo y dedicación se pueden lograr cosas que parecían imposibles.
Creo que es una suerte tener un hijo deportista y más en los tiempos que corren y por ello queremos felicitar a esos padres que lo han hecho posible, que les han inculcado unos valores importantes que son necesarios en la competición, como el respeto a los demás, el trabajo en equipo, el sacrificio para obtener resultados y “el que algo quiere algo le cuesta”, que son cosas imprescindibles para desenvolverse en un futuro… aunque hoy en día, se le haya ido restando valor.
La juventud no solo necesita mover su cuerpo, sino también fortalecer su carácter, y el deporte ofrece ambas cosas en una experiencia única. Por ello, es fundamental promover y facilitar su práctica en todas las etapas de la vida, recordando que en cada concurso, en cada entrenamiento, se están formando no solo atletas, sino mejores personas.
En medio de una sociedad tan complicada estos padres sufridores han sabido fomentarles una afición, a costa sin duda de un gran esfuerzo y conscientes de que solo unos pocos llegarán algún día a ser una primera figura de la hípica mundial, pero con la satisfacción de haberles dado su apoyo durante una edad en que tanto lo necesitan y posiblemente recuerden como los años más felices de su vida.

