Queremos dedicar una mención especial a nuestros menores, que durante estos días están compitiendo en diferentes certámenes de nuestro país, con una afición desmedida enfundados en sus cascos y chaquetas de concurso, a cerca de cuarenta grados.
Y precisamente hacemos una llamada de atención sobre ellos, porque son los que no cobran un euro cuando ganan, son los que su premio es una pequeña copa o escarapela que reciben con emoción, olvidando el madrugón que se han dado para llevar su caballo a competir y que han ido en ayunas, porque los nervios no les han permitido probar bocado.
Juegan con deportividad disfrutan de sentirse parte de un colectivo con el que comparte una preciosa afición y una forma de vida muy especial, que les exige muchos sacrificios pero lo hacen encantados.
Cuando compiten, están junto a sus padres, entrenadores o algún amigo curioso que les ha querido acompañar, pero el autentico aficionado mira embelesado al profesional que está en la pista principal y no suele reparar en ellos.
Por eso queremos felicitar a nuestros pequeños campeones por su tesón, por aguantar frío y calor, por tener unos padres sufridores que con su ayuda moral, física y económica les permiten practicar un deporte tan complicado de mantener y de paso, recordarles que estamos orgullosos de ellos, que los necesitamos porque son el futuro de nuestro deporte y que cada una de nuestras estrellas internacionales de hoy en cualquier disciplina, también empezaron hace años siendo el niño de la pista de al lado.

