El mundo ecuestre español amaneció hoy más solo. Ha fallecido Álvaro Domecq Romero, jinete, ganadero, maestro y, sobre todo, el gran artífice de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, institución que nació de su visión y que a lo largo de décadas ha llevado al mundo la esencia más pura de la doma clásica española. Con su partida, desaparece una figura irrepetible, un espejo en el que generaciones de jinetes se han mirado y un defensor incansable del caballo andaluz, al que dedicó su vida con devoción absoluta.
Hijo de una estirpe ligada indisolublemente al caballo, Domecq Romero fue mucho más que un nombre ilustre: fue el guardián de una forma de entender la equitación, de esa comunión íntima entre jinete y caballo que él supo elevar a arte. Su carisma, su sensibilidad y su particular manera de transmitir el respeto hacia el animal marcaron un antes y un después en la doma española.
La Real Escuela, creada a partir de su emblemático espectáculo “Cómo bailan los caballos andaluces”, nació y creció con su impulso. Cada piaffe, cada saludo, cada cadencia en los cuadriles llevaba algo de él: su idea de elegancia, de tradición, de flamencura y solemnidad. Hoy, ese legado se convierte en memoria viva de un hombre que dedicó su existencia a engrandecer el patrimonio ecuestre de España.
Su muerte a los 85 años de edad deja un vacío difícil de asumir en Jerez, en Andalucía y en toda la comunidad ecuestre. Queda la melancolía de saber que se apaga una voz que durante décadas explicó el caballo como pocos sabían hacerlo, con esa mezcla de sabiduría antigua y emoción contenida. Se va un maestro, queda su obra.
En cada galope de un PRE, en cada reprise de la Escuela, en cada doma donde la armonía manda sobre la fuerza, seguirá resonando algo de él. Porque Álvaro Domecq Romero no solo creó una institución: forjó un sentimiento compartido, una manera de mirar al caballo que hoy llora su ausencia.
Descanse en paz el hombre que hizo bailar a los caballos. Don Álvaro, su legado eterno, seguirá cabalgando.
