Iván Serrano no habla de resultados como punto de partida. Ni siquiera cuando viene de firmar una de sus temporadas más sólidas. Su manera de entender el deporte va por otro lado: más pausada, más estructural. Primero el caballo, después todo lo demás. Y a partir de ahí, construir.
Uno de los jinetes más queridos en nuestro deporte, una persona humilde y trabajadora, que antepone al animal por delante del resultado, se encuentra en uno de sus mejores momentos profesionales tras una temporada 2025 en donde podíamos destacar su participación en competiciones de la talla del Campeonato de Europa en Casas Novas, la Final de la Longines League of Nations del CSIO5* de Barcelona, o su presencia también con el equipo nacional en las Copas de Naciones de las EEF Series de Lier (BEL), las semifinales de Deauville (FRA) y la Final de Avenches (SUI), y así hasta un total de 5 apariciones con el combinado nacional, siendo el jinete que más veces lo hacía el año pasado y, convirtiéndose así en una pieza indispensable junto a “Rain Man”.
En un contexto cada vez más exigente, donde el resultado inmediato suele marcar el discurso, Serrano mantiene una línea clara y poco negociable: el estado mental del caballo es la base de todo.
“Para mí, lo más importante es el estado anímico. Busco que los caballos sean felices y que vivan en un entorno lo más natural posible. Que tengan libertad, que estén relajados durante el día y que el trabajo forme parte de su rutina como algo positivo, no como un castigo”.
No es un concepto puntual. Es una forma de trabajar consolidada con los años y aplicada de manera transversal en toda la cuadra. Desde la gestión de las instalaciones hasta el ambiente de trabajo, todo responde a esa misma idea. Podemos verle sacando los caballos al prado a primera hora de la mañana, así como haciendo camas o preparando él mismo a sus caballos. A Iván no se le caen los anillos en la cuadra.
“Intento que todo el entorno sea positivo. No solo para los caballos, también para las personas. Cuando hay equilibrio en la cuadra, eso se acaba reflejando en el rendimiento”.
Una temporada que se mide en conjunto
El 2025 dejó resultados, presencia en citas importantes y regularidad. Pero Serrano evita el análisis superficial.
“Como en cualquier temporada, hay momentos muy buenos y otros en los que las cosas no salen. Eso forma parte del deporte”.
“El balance es positivo porque he podido sacar adelante a muchos caballos. No se trata solo de ganar un Gran Premio, sino de ver el conjunto. Muchos han evolucionado, han mejorado y han dado un paso adelante. Eso es lo que más valor tiene para mí”.
Ese enfoque explica en gran parte su progresión. No basada en picos aislados, sino en una estructura de trabajo que busca continuidad y desarrollo real dentro de la cuadra.
El peso del equipo
Dentro de esa temporada, su presencia con el equipo nacional fue constante. EEF Series, Campeonato de Europa, Final de la Liga de Naciones en Barcelona. Escenarios de máxima exigencia que refuerzan su posición dentro del grupo.
Pero Serrano no lo aborda desde el estatus, sino desde lo emocional. En ese sentido, hay un matiz claro: la competición por equipos tiene un valor distinto.
“Representar a España es algo que siempre he querido desde pequeño. Me llena de orgullo y lo sigo viviendo con la misma ilusión que la primera vez. Las Copas de Naciones son especiales. Compartes responsabilidad, objetivos y ese punto de presión que es diferente. Me encanta competir en equipo y ojalá pueda repetirlo muchas veces”.
Un podio con lectura crítica
El bronce en el Campeonato de España podría interpretarse como un cierre de temporada sólido. Pero su análisis vuelve a ser directo.
“Antes de empezar el campeonato lo habría firmado, pero tal y como se desarrolló, no. Con cómo venía, no hubiese firmado el bronce. Fue una decepción. Sentí que era una oportunidad que se me escapaba”.
La sensación final no fue de celebración. Aun así, mantiene el reconocimiento hacia sus compañeros.
“Me alegro por Álvaro y por Jesús, que son amigos y se lo merecieron. Pero en lo personal, fue duro”.
Esa exigencia consigo mismo encaja con su forma de entender la competición: sin ruido, pero sin concesiones.
2026: sin promesas, con criterio
En un calendario que apunta a citas de máxima relevancia —con el horizonte del Campeonato del Mundo de Aachen—, Serrano evita marcar objetivos cerrados.
“Nunca espero nada de ninguna temporada. Voy concurso a concurso intentando hacerlo lo mejor posible con los caballos que llevo”.
La planificación existe, pero no se impone al caballo.
“Según avance el año veremos si están en condiciones de hacer cosas importantes. Al final dependemos de ellos: de su estado de forma, de su momento. Son los caballos los que marcan hasta dónde podemos llegar”.
En un deporte donde muchas veces el resultado condiciona el discurso, Iván Serrano mantiene una coherencia poco habitual: priorizar el proceso, respetar los tiempos del caballo y construir desde dentro. Y con una idea clara que atraviesa toda su forma de trabajar: si el caballo está bien, todo lo demás acaba llegando.



