Guillermo González Eguinoa: “Montábamos en charcos… y era lo normal”

Guillermo González Eguinoa, lleva prácticamente toda una vida en la equitación. Cuando empezó, a finales de los años 70, el deporte poco tenía que ver con lo que vemos hoy. Y no solo por los caballos o el nivel, sobre todo, por las pistas. Algo de lo que nos puede hablar con mucho conocimiento de causa, ya que “Willy” está considerado como uno de los mayores expertos a nivel mundial en diseño y construcción de pistas, a través de Geolastic, la empresa líder española que él mismo dirige y con la que está presente en importantes proyectos por todo el mundo.

“Todo era diferente”, recuerda. “Los caballos tenían menos calidad, la equitación era más física, los obstáculos eran más pesados… pero lo que realmente marcaba la diferencia eran las pistas”. En aquella época, directamente, no existía el concepto de construcción especializada ni empresas dedicadas exclusivamente a pistas ecuestres. “No había empresas, ni conocimiento, ni gente que supiera qué era bueno para el caballo. Se hacía como se podía”. Las soluciones eran, en muchos casos, improvisadas. “Se utilizaban arenas sin ningún criterio, drenajes que no funcionaban… incluso se metían sistemas que en teoría drenaban, pero que en la práctica no servían para nada”. El resultado era bastante claro. “En verano era el polvo, en invierno el barro. No había término medio”. Guillermo se acuerda bien de La Galea: “Salíamos amarillos del polvo. Y cuando llovía, montábamos directamente en charcos”. Y no era algo puntual. “Pasaba en todos lados. En concursos importantes también. Era lo que había”.

Pero más allá de lo incómodo, el problema era otro. “Los caballos lo notaban”. Las pistas podían ser demasiado pesadas o demasiado duras, sin ningún tipo de control, de hecho, eso condicionaba todo. “Los caballos se hacían viejos en cinco años, se lesionaban muy fácilmente…”. El salto también era distinto. “El caballo tenía primero que despegar del suelo, que ya le costaba, y luego hacer el salto. No tenía ninguna ayuda”. Y en las recepciones, lo mismo: “o muy duro o muy blando, no había equilibrio”. Incluso en los desempates se veía. “Muchas veces llegaban a zonas más compactadas y patinaban. Era bastante normal”.

Además, el deporte estaba completamente condicionado por el calendario. “En invierno preparabas, y competías en primavera y verano. Ahora no tiene nada que ver”. Aun así, cuando mira atrás, no todo es negativo. “Echo de menos el ambiente. Era todo mucho más amateur, más cercano. Íbamos a disfrutar, nos juntábamos muy buena gente”. Hoy la equitación es mucho más profesional, con más nivel, más exigencia. “Pero como pasa en todo, se pierde un poco ese encanto que tenía antes”.

Lo que sí tiene claro es una cosa: “Antes el suelo era un problema. Ahora es una herramienta”.

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