Hay lugares que parecen tener una relación inevitable con la lluvia. Y en los últimos tiempos, al Club Hípico Las Cadenas le ha tocado vivir más de un gran concurso bajo el agua. Este fin de semana, durante el Concurso Internacional de Doma Clásica, volvió a suceder.
Pero quizá detrás de esa mala suerte meteorológica hay una historia mucho más importante que merece ser contada.
Porque sí, el concurso estuvo marcado por las tormentas y por momentos realmente complicados. Y evidentemente hay algo que nadie puede controlar: el tiempo. La lluvia no entiende de calendarios, de inversión ni de esfuerzo. Llega cuando llega. Ninguna organización puede evitar que una borrasca descargue justo el fin de semana señalado en rojo durante meses.
Lo que sí define a una organización es cómo responde cuando las cosas se ponen difíciles. Y ahí es donde Las Cadenas lleva tiempo demostrando algo que merece reconocimiento.
Mientras muchos buscaban refugio bajo los paraguas o esperaban su salida mirando el móvil desde el camión, hubo gente que llevaba horas peleándose literalmente con el temporal para que el concurso pudiera salir adelante. Porque los concursos no aparecen por arte de magia cuando llegan los caballos. Hay un trabajo silencioso que casi nunca se ve. Días de preparación, montaje de pistas, boxes, horarios, llamadas, coordinación, personal de mantenimiento, jueces, veterinarios, sanitarios, secretarías abiertas desde primera hora… Y cuando además aparece la lluvia, todo se multiplica.
Ahí es donde el equipo de Las Cadenas merece una mención especial.
Con Hugo Ortiz y Pepe Gálvez al frente, la imagen suele repetirse concurso tras concurso. Podrán estar agotados, empapados o llenos de barro hasta las rodillas, pero nunca apartados del problema. Son de los que están en pista, de los que reorganizan horarios sobre la marcha, de los que intentan sacar pruebas adelante incluso cuando el agua no da tregua, de los que llegan los primeros y se marchan los últimos.
Y eso, en este deporte, tiene muchísimo mérito.
Porque es muy fácil quedarse únicamente con lo que ocurre durante la competición. Llegar a las instalaciones, ver una prueba, competir, consultar una clasificación y marcharse a casa. Pero detrás de cada reprise que sale adelante hay decenas de personas sosteniendo una maquinaria enorme para que todo funcione incluso cuando las condiciones son complicadas. Hay jornadas que empiezan antes de amanecer y terminan de noche, decisiones que tomar constantemente y problemas que resolver sobre la marcha para que el deporte no se detenga.
También hay trabajos menos visibles pero fundamentales, como el de la secretaría técnica, con Álvaro Arcas y su equipo pendientes constantemente de modificaciones de horarios, órdenes de salida y resultados al minuto para que el concurso mantenga el orden pese a todas las dificultades.
Quizá el “problema” de Las Cadenas sea precisamente organizar tanto. Tantos concursos, tantos fines de semana, tantas jornadas deportivas al año expuestas al invierno, a la primavera madrileña y a una meteorología cada vez más imprevisible. Estadísticamente, claro que tienen más opciones de encontrarse con lluvia, pero también tienen más oportunidades de demostrar algo importante: que nunca dejan de pelear para sacar el deporte adelante.
Y en una hípica donde muchas veces las críticas hacen más ruido que los agradecimientos, conviene detenerse un momento a valorar a quienes sostienen este deporte desde abajo. Los que no aparecen en las clasificaciones finales, los que no suben al podio, pero hacen posible que todos los demás puedan competir.
Porque cuando llegan las tormentas, cualquiera puede mirar al cielo y lamentarse. Lo difícil es remangarse, meterse en el barro y seguir trabajando.
Y en eso, Las Cadenas lleva mucho tiempo dando ejemplo.
- Foto: Almeda Renes Fotografía

