En una época en la que el salto de obstáculos moderno se desarrolla principalmente sobre recorridos técnicos, ajustados y cada vez más orientados a la velocidad, existen pruebas capaces de transportar a jinetes, amazonas y aficionados a los orígenes de este deporte. El Derby de La Baule es una de ellas.
La tarde de este sábado volvió a disputarse una de las competiciones más especiales del programa del CSIO5* francés, una prueba que conserva la esencia de los antiguos recorridos de campo y que se ha convertido en una auténtica seña de identidad del prestigioso concurso galo. No en vano, La Baule es uno de los pocos escenarios de la alta competición internacional donde el formato derby sigue ocupando un lugar destacado dentro del calendario.
Y es que hablar de un derby no es hablar simplemente de una prueba de 1,50 metros. Es hablar de resistencia, valentía, experiencia y compenetración. De afrontar obstáculos que rara vez aparecen en los recorridos convencionales y de gestionar un esfuerzo físico y mental muy diferente al de cualquier Gran Premio.
El recorrido diseñado para esta edición daba buena muestra de ello. Los participantes tuvieron que enfrentarse a 21 obstáculos y 26 esfuerzos a lo largo de 1.050 metros de trazado, una distancia muy superior a la habitual en las pruebas internacionales de salto. El tiempo concedido era de 158 segundos, en una pista que exigía mantener la concentración de principio a fin.
Entre las dificultades aparecían algunos de los elementos más característicos de los derbys: una ría, un lago que los caballos debían franquear galopando sobre el agua, varias banquetas tanto de subida como en caída libre y diferentes obstáculos naturales repartidos a lo largo de un recorrido tan espectacular como exigente.
La dureza del trazado quedó reflejada en los resultados. De todos los participantes, únicamente tres binomios lograron completar el recorrido sin faltas, una cifra que habla por sí sola del nivel de exigencia planteado.
Entre ellos estuvo el ganador, el suizo Steve Guerdat junto a “Easy Star de Talma”. El campeón olímpico, que fue además el último en entrar en pista, firmó un impecable recorrido en 129,73 segundos para hacerse con la victoria. El también suizo Martin Fuchs ocupó la segunda posición con “Love de Vie” tras detener el cronómetro en 130,54 segundos, mientras que el colombiano Rene López Lizarazo fue tercero con “Visa de VY Z” en 136,43 segundos.
La representación española corrió a cargo de Armando Trapote y “Karl P”, que volvieron a demostrar su versatilidad en una de las pruebas más particulares del circuito internacional. El binomio completó el recorrido con un único derribo y un tiempo de 138,32 segundos, resultado que les permitió finalizar en una meritoria octava posición.
Pero la clasificación no cuenta toda la historia. Disputar un derby de estas características exige mucho más que calidad sobre los obstáculos. Hay que leer el terreno, mantener el equilibrio en elementos poco habituales, gestionar el esfuerzo durante más de un kilómetro de recorrido y conservar la confianza del caballo ante preguntas que apenas aparecen en la competición moderna.
Por eso el Derby de La Baule sigue siendo una prueba tan admirada por los aficionados. Porque recuerda que el salto de obstáculos nació mucho antes de los cronómetros ajustados al milímetro y de las pistas perfectamente uniformes. Y porque, durante unos minutos, devuelve a la competición internacional el sabor de la equitación más clásica y aventurera.

