A los 16 años, Otti Verdú Vidal hizo las maletas y dejó su casa para instalarse en Madrid con un objetivo muy claro: intentar llegar lo más lejos posible en la equitación. Era una decisión importante para alguien tan joven, pero tenía claro que, si quería seguir creciendo como amazona, debía salir de su zona de confort y enfrentarse a nuevos retos.
Aquella apuesta comenzó a dar sus frutos muy pronto. Campeona de España Junior, cuatro veces vencedora del Trofeo Princesa de Asturias (dos triunfos en categoría Junior, uno como Young Rider y otro en U25), participante en dos Campeonatos de Europa y ganadora de varios Grandes Premios nacionales de CSN4* y CSN5*, Otti Verdú fue construyendo una sólida trayectoria dentro de la equitación española a base de esfuerzo, constancia y una enorme dedicación diaria. A los 23 años, una vez finalizados sus estudios de Farmacia, decidió dar el paso definitivo y convertir la equitación en su profesión. Hoy, compagina la competición al más alto nivel con su implicación en el proyecto familiar Es Desig, afrontando cada temporada con la misma motivación que la llevó a mudarse a Madrid siendo una adolescente.
Al recordar sus primeros años en los equipos nacionales, Otti reconoce que aquellas experiencias marcaron profundamente su forma de entender el deporte. “Representar a España desde joven fue algo muy especial. Más allá de los resultados, me quedo con todo lo que viví durante aquellos años. Compartir concentraciones, campeonatos y experiencias con otros compañeros te ayuda a madurar muy rápido y a entender mejor lo que significa formar parte de un equipo. Son aprendizajes que después te acompañan durante toda tu carrera”.
El salto desde las categorías de formación hasta la competición absoluta no siempre resulta sencillo. La exigencia aumenta, los objetivos cambian y la competencia es cada vez mayor. Sin embargo, Verdú considera que la clave está en mantener una evolución constante. “Cuando eres joven todo sucede muy deprisa y muchas veces solo piensas en la siguiente competición. Con el tiempo entiendes que este deporte requiere paciencia, constancia y mucha capacidad para gestionar los momentos buenos y los menos buenos. Creo que una de las claves ha sido no perder nunca las ganas de seguir mejorando”.
Después de tantos años vinculada a la estructura deportiva española, tampoco esconde cuál continúa siendo uno de sus grandes sueños. “Competir con España en una Copa de Naciones o en un Campeonato de Europa absoluto sería algo muy especial. Representar a tu país siempre es un orgullo enorme, pero hacerlo al máximo nivel tiene un significado diferente. Sería la recompensa a muchos años de dedicación y una responsabilidad que asumiría con muchísima ilusión”.
Actualmente atraviesa una etapa especialmente ilusionante gracias a una cuadra que combina caballos experimentados con otros ejemplares jóvenes que vienen empujando con fuerza. “Estamos en un momento muy bonito. Tenemos caballos con experiencia en pruebas importantes y otros que siguen evolucionando muy bien. Eso nos permite trabajar pensando tanto en los objetivos inmediatos como en los de futuro. En nuestro deporte es fundamental mirar siempre varios años por delante”.
Una parte importante de ese día a día gira en torno a Es Desig, el proyecto familiar en el que participa activamente y que ocupa un lugar central en su vida. “Es mucho más que una yeguada o un centro de entrenamiento. Es un proyecto familiar en el que todos estamos implicados y al que dedicamos muchísimas horas. Poder criar, formar y desarrollar caballos en casa, acompañándolos en cada etapa de su evolución, es una de las partes más gratificantes de mi trabajo”.
Con el paso de los años ha ido tomando aún más conciencia de la importancia del equipo que la rodea. “Mi familia ha sido fundamental desde el principio y siempre ha estado a mi lado. Pero también entrenadores, propietarios, veterinarios, herradores, grooms y muchas otras personas que han formado parte de este recorrido. Este deporte te enseña que detrás de cada resultado siempre existe un gran equipo humano”.
Entre todas esas personas, reconoce la influencia de varios profesionales que han marcado especialmente su formación. “He tenido la suerte de aprender de grandes referentes a lo largo de mi carrera. Kiki de Wit ha sido una figura fundamental para mí, igual que Patricio Maldonado o Julio Álvarez Moya. Cada uno me ha aportado conocimientos y perspectivas diferentes, tanto en el plano técnico como en el personal, y he intentado aprovechar al máximo todo lo que me han enseñado”.
A sus 23 años, Otti Verdú continúa construyendo su camino con la misma determinación que la llevó a dejar su hogar siendo una adolescente. Con nuevos caballos, nuevos retos y objetivos cada vez más ambiciosos, mantiene intacta una filosofía sencilla pero efectiva: seguir aprendiendo, seguir creciendo y disfrutar de cada etapa del recorrido junto a los caballos.




