Carlos López-Fanjul: “Mi objetivo era volver a las pruebas grandes y al equipo nacional”

El pasado mes de junio, el jinete asturiano Carlos López-Fanjul Tartiere volvía a formar parte del equipo nacional de salto de obstáculos. Y lo hacía por partida doble, con dos caballos diferentes: “Chactardo” en el CSIO de Deauville (Francia) y “Jourdain” en el CSIO de Sopot (Polonia). De esta manera, López-Fanjul presentaba sus credenciales de cara al combinado nacional con dos caballos llamados a convertirse en importantes refuerzos para el equipo español.

Su historia comenzó en Asturias, donde empezó a montar siendo muy joven. Más adelante, ya instalado en Madrid, con apenas 21 años decidió dar un paso decisivo en su formación y se trasladó al norte de Alemania, donde permaneció durante cinco temporadas. A su regreso a España inició una etapa junto a Julio Álvarez Moya que le llevó a conseguir algunos de sus primeros grandes éxitos internacionales, con victorias en los Grandes Premios de San Sebastián, Maeza y Toledo, además de abrirle las puertas del equipo nacional para disputar Copas de Naciones en escenarios tan emblemáticos como Dublín, Barcelona, Lisboa o Gijón.

En 2014, tras contraer matrimonio con la amazona española Beatriz de Llanza Daurella, campeona de España en categoría Juvenil, ambos pusieron en marcha un proyecto común en la Yeguada Lomas de Fuensauco, ubicada en las instalaciones familiares de Fuentidueña de Tajo (Madrid).

Tras un periodo marcado por la renovación de su cuadra y una larga lesión que le obligó a detener su progresión durante más de un año, esta temporada ha vuelto a vestir la chaqueta de España en las Copas de Naciones de Sopot y Deauville. Con varios caballos llamados a ser protagonistas en los próximos años, Carlos López-Fanjul afronta una nueva etapa con la misma serenidad de siempre y la ilusión intacta por seguir compitiendo entre los mejores.

“Hacía muchísimos años que no corría una Copa de Naciones y tenía muchas ganas de volver. Además, cambia mucho cuando llegas con un caballo en el que confías plenamente”, asegura. También recuerda el complicado proceso de recuperación tras su lesión: “Me costó mucho más recuperar las sensaciones y volver a estar en forma que adaptarme a los caballos. No era una cuestión de cambiar mi forma de montar. Lo que buscaba era volver a tener dos o tres caballos que me permitieran regresar a las pruebas grandes, intentar volver al equipo nacional y acercarme otra vez al máximo nivel”.

El jinete asturiano considera que su forma de montar apenas ha cambiado con el paso de los años. “No creo que haya evolucionado mucho. Mi forma de montar sigue siendo prácticamente la misma. Lo que cambia son los caballos que tengo ahora, que me permiten competir en otro tipo de concursos”.

También su manera de trabajar mantiene la misma filosofía. “Antes entrenaba más solo y ahora cuento con la ayuda de Julio Álvarez Moya, pero el sistema sigue siendo prácticamente el mismo”.

Sobre las dos Copas de Naciones disputadas este año hace un balance positivo. “En Sopot el equipo no tuvo la suerte esperada”, comenta, aunque destaca que “Jourdain” respondió muy bien pese al derribo. En Deauville, donde España finalizó en cuarta posición, también se mostró satisfecho con el rendimiento de “Chactardo”, un caballo con menos experiencia que, según explica, “respondió realmente bien”. El único contratiempo de la temporada fue una pequeña lesión de “Jourdain”, que retrasó su debut. “Preferimos darle más tiempo para recuperarse y eso retrasó un poco el calendario, pero al final todo salió bien”.

La conversación se traslada entonces a Lomas de Fuensauco, un proyecto de cría de caballos CDE que ocupa buena parte de su día a día y que comparte con su mujer, Bea, y con el jinete de la cuadra Carlos Gómez, “Koki”. La estructura de la yeguada, explica, “es sencilla y cada uno tiene un papel muy definido”. Los caballos realizan allí el desbrave y sus primeras salidas a concurso y, posteriormente, continúan su formación bajo la dirección de “Koki”. Más adelante, alrededor de los seis o siete años, pasan a Bea o al propio Carlos, dependiendo del tipo de caballo y de su proyección deportiva.

“Cada caballo tiene su propio proceso y tratamos de adaptarnos a sus necesidades. No hay una única fórmula. Tampoco seguimos un patrón fijo a la hora de criar. Intentamos encontrar el semental que mejor encaje con cada yegua y que el cruce tenga sentido”. Una filosofía que, según reconoce, empieza a dar sus frutos. “En los últimos años hemos mejorado mucho la calidad de nuestras yeguas y eso ya se está viendo en los potros que nacen. Cada vez hace más ilusión comprobar esa evolución”.

Respecto a su calendario más inmediato, explica que la siguiente parada será Valkenswaard, donde competirá durante dos semanas, antes de poner rumbo a Gijón. “Prefiero ir decidiendo el calendario sobre la marcha, en función de cómo evolucionen los caballos”.

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