TE CUENTO UN CUENTO (Especial Navidad): Pin, el caballo de Papá Noel

Para los más pequeños de la casa, publicamos otro cuento infantil creado por OcioCaballo, una historia navideña con el caballo como protagonista.

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PIN, EL CABALLO DE PAPÁ NOEL

Hace mucho tiempo llegó al Polo Norte un pequeño caballo. Estaba cansado de vivir en una granja y hacer siempre lo mismo, así que decidió ir en busca de grandes aventuras. Galopó hacia el norte y llegó al mar. Pero como no sabía nadar se fue hacia el este y siguió trotando y galopando libre. Le gustaba oler los campos y comer la hierba empapada de rocío. Un día empezó a nevar y como el caballito nunca había visto la nieve saltaba alrededor. Los copos se le posaban en la nariz y le hacían cosquillas. Pero cada vez nevaba más y el caballito se hundían en la nieve. El aire le azotaba en la cara y apenas podía ver donde pisaba. Avanzaba muy despacio. La nieve estaba cada vez más alta. Apenas podía seguir, cuando de pronto vio a lo lejos muchas luces de colores. Siguió hasta ellas y llegó a una casita de madera. En lo que debía de ser el jardín había un gran abeto lleno de las pequeñas lucecitas que había visto. Llegó hasta la puerta y la golpeó con su pata derecha. La puerta se abrió y detrás de ella apareció un ser diminuto vestido con un pantalón y unos tirantes verdes, una camisa blanca y una zapatillas rojas que terminaban en un cascabel.

-Me he perdido, hace mucho frío y no sé dónde estoy – dijo el caballito al ser diminuto.

El gnomo abrió más la puerta y le indicó al caballito que entrase. Dentro hacía calor. Todo estaba adornado con luces, bolas de colores y guirnaldas. En la chimenea el fuego ardía. Había más hombrecillos pequeños dentro de la casa. Estaban trabajando. Unos seguían unas listas y seleccionaban juguetes, otros los empaquetaban y otros más fuertes y ágiles los apilaban dentro de enormes sacos rojos. Cada regalo llevaba una etiqueta con el nombre del destinatario: Isabel, Jasmine, Lee, Charles, Antoine, Hans, Chou,… Había miles de regalos. El caballito estaba emocionado. Todo era bonito y alegre. Los gnomos cantaban y bailaban mientras trabajaban. De pronto una puerta se abrió y apareció un señor muy gordo, con la barba blanca, ojos azules, una gafitas diminutas, vestido con una camisa blanca, un pantalón rojo sujeto por tirantes dorados y unas grandes botas negras. Se acercó al caballito, le acarició el lomo y dijo:

-Te llamaré Pin. ¿Por qué no te quedas con nosotros?

Pin se puso muy contento, tenía un nombre y todo parecía ser divertido y nuevo así que se quedó allí. Pasaron los años y el caballito se convirtió en un hermoso corcel con largas crines y patas fuertes. Siempre estaba ayudando a todos. Además conoció a otros caballos, que eran un poco extraños porque tenía cuernos y uno tenía la nariz roja y redonda. Por supuesto eran renos pero eso Pin no lo sabía y para él eran como sus hermanos. Todo el mundo quería al caballito, era muy amable y siempre estaba dispuesto a hacer cualquier cosa. Pero lo que más le entusiasmaba era ver como los renos salían el día de Nochebuena volando a repartir los regalos.

Un año todo estaba preparado para la gran hazaña: los regalos empaquetados, los sacos en el trineo, el trineo limpio y decorado, Papá Noel en forma para bajar por las chimeneas y trepar por las ventanas de los niños que vivían en grandes edificios y no tenían chimenea. Todo estaba listo. Hasta Kyli, el ayudante y secretario personal del gordinflón que tenía miedo a las alturas y que siempre hacía de tripas corazón y subía a bordo del trineo.

Todos los renos habían cenado y se agolpaban alrededor del vehículo para ser enganchados y salir de viaje. Uno por uno se colocaron en su sitio excepto uno, el más importante de todos: Rudolf, el reno de la nariz roja y redonda que debía ir en cabeza señalando el camino. Los gnomos gritaron su nombre le llamaron varias veces y el reno no aparecía. Papá Noel salió de la casa y con una voz profunda gritó: ¡Rudooolf! Entonces el reno apareció a lo lejos, iba galopando. Se había dormido y no se había dado cuenta de la hora que era. Con las prisas de llegar a tiempo resbaló en un placa de hielo, cayó y se deslizó varios metros por la pista de patinaje. Cuando los demás de acercaron, el reno intentó ponerse de pie, pero no pudo. La parte inferior de su pata se había roto y no podía ni moverse.

-¡Qué vamos a hacer! ¡Qué vamos a hacer! – gritaba Kyli despavorido y algo aliviado por no tener que subir al trineo.

Pin también se asustó. Sabía lo importante que era Rudolf para todos. Se conocía el camino a la perfección y servía de luz para ver bien por donde iban en cada momento. Papá Noel se llevó las manos a la cabeza y con voz grave dijo:

-Este año no habrá regalos para nadie, no podemos salir.

Entonces Pin entró en la casa abrió uno de los cajones de Kyli y sacó una linterna. Se la colocó en la boca y salió al jardín de nuevo. Dejó la linterna en el suelo y poniéndose al lado de Papá Noel dijo:

-Llevo muchos años con vosotros. He revisado cada año la ruta a seguir y el nombre de cada niño, cada ciudad y cada país. Rudolf me explicó qué es lo que hacía y cómo uno sabe el rumbo a través del viento, el olor y las estrellas. Yo no tengo cuernos, porque a lo mejor todavía no me han salido, ni tengo una luz roja en la nariz, porque no tengo la nariz redonda, pero con un poco de ayuda de mis hermanos, la confianza de Papá Noel y esta linterna a lo mejor yo puedo guiar el trineo. Tampoco sé volar pero sé que eso no es problema gracias a los polvos de volar.

Papá Noel se quedó pensativo. Miraba el trineo, a los renos, a Rudolf tirado en el hielo sin moverse. Miraba a Kyli y al resto de gnomos y al final dijo:

-¡Por qué no!

Todos se miraban impresionados. Papá Noel cogió a Pin y le llevó hasta la cabecera del trineo, le ató junto al resto de compañeros y colocando la linterna en la boca del caballito dijo:

-En marcha.

Así que si alguno de ustedes vio el año pasado el trineo de Papá Noel tirado por seis renos y un caballo, no vieron mal, sólo vieron a Pin disfrutando de lo que más le gustaba: viajar y vivir grandes aventuras. No importa que uno sea distinto, lo importante es tener un gran corazón y el valor suficiente para volar. Este año no sé si Rudolf estará mejor o no, lo que sí está claro es que Pin seguirá tirando del trineo aunque no sea en cabeza.

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