En estos tiempos convulsos que vivimos y más desde el fin del estado de alarma, estamos tristemente acostumbrados a que se hable de conductas irresponsables que buscan la satisfacción propia, mirándose su ombligo y sin un ápice de solidaridad ni empatía hacia los demás. Sin embargo, debemos poner en valor todo aquello que se está haciendo bien. Y un buen ejemplo de ello lo hemos encontrado este fin de semana en Hípica Las Cadenas, donde se ha celebrado un Internacional de Doma Clásica junto con pruebas Nacionales, que todas ellas comenzaban con el alba y terminaban al anochecer.
Ese nutrido programa implicaba inevitablemente una altísima participación y a su vez gran cantidad de entrenadores y acompañantes presentes para ver a sus jinetes y amazonas.
El momento cumbre se vivió el sábado por la tarde en el Gran Premio Especial, nadie quería perdérselo, algo que a priori y en otros tiempos sería motivo de celebración, ver tanta afición a la doma clásica, ahora las recomendaciones sanitarias nos impiden asistir a los concursos de la forma que antes lo hacíamos y ahí es donde llegaba el buen hacer de la organización.
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La familia Ortiz, tanto Hugo como Jimena, con la ayuda inestimable de Pepe Gálvez, no dudaron en bajarse al barro para controlar la situación, advirtiendo uno por uno a los asistentes y consiguiendo con ello, que se respetasen todas las medidas de seguridad.
En mi opinión esos pequeños detalles son los que hacen grande un evento, no por el número de inscritos, sino por el de personas satisfechas y tranquilas por acudir a un lugar seguro, donde se han controlado aforos de entrada y exigido a los asistentes cumplir con las normas sanitarias.
No es baladí que en estas instalaciones madrileñas se disputen cada vez más competiciones, cuando las cosas se hacen bien, hay que reconocerlas y si todo el que va allí quiere volver… por algo será.