Una vez leí que vivimos en la era de la tecnología, yo me atrevo a decir que vivimos en la era de la inmediatez, lo queremos todo y lo queremos ya.
“Pero mientras hemos dicho esto, ese presente, ese ahora instantáneo en que estábamos, ha pasado ya y se ha hecho definitivamente pasado, pretérito”. Esta frase de José Ortega y Gasset sigue tan de actualidad como cuando la escribió hace casi un siglo. Vivimos sumidos en la locura de lo inmediato, donde en cuestión de minutos lo nuevo se vuelve antiguo y las noticias pierden relevancia. La vida de una noticia cada vez es más corta.
Esta cultura del “aquí y ahora” se ha ido forjando a partir de la revolución digital, promovida por las nuevas tecnologías de la información y comunicación, entre otros factores. Como consecuencia de la rapidez y satisfacción instantánea, se han desarrollado en las personas varias conductas sociales como la hiperconectividad tecnológica y el deseo constante de gratificación momentánea.
Sin embargo, creo que no somos realmente conscientes de que tantas prisas no son buenas, las cosas bien hechas requieren tiempo, tanta adicción al corto plazo -a mi entender- es contraproducente y normalmente la única recompensa que se obtiene es la insatisfacción.
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Hace poco tuve la oportunidad de hablar sobre este tema con nuestra compañera Lily Forado y resultó curioso comprobar, que compartimos las mismas sensaciones a la hora de publicar una información en nuestros respectivos medios y como esta celeridad que se ha impuesto, sólo crea un estrés innecesario que no lleva a ningún sitio.
En estos más de veinte años que OcioCaballo lleva en la red, ha ido evolucionando la vida, como es lógico, han cambiado costumbres y nos hemos ido adaptando a las tendencias según tocaban. Pero esta vez hay que parar y reflexionar, si lo que buscamos es ser el primero por ser el más rápido o ser el segundo por ofrecer un contenido elaborado y de calidad.
Lo cierto es que la inmediatez es un fenómeno que se está instaurando en nuestra actual cultura, nos estamos acostumbrando a vivir sin esperas, pero la vorágine todo lo consume, el estrés genera desgaste, tanta aceleración no deja resquicio para mirar hacia atrás, ni siquiera para recordar y desaparece entre tanto, la posibilidad de disfrutar lo que se hace.
Las nuevas tecnologías han revolucionado por completo nuestras vidas y sin lugar a dudas, lo han hecho para mejor. Sin embargo, también están generando nuevos riesgos y uno de ellos es este. Para mi lo importante es el camino, trabajar, aplicar lo que sabemos en cada momento, que se nos valore por ello y no por la velocidad.