El flamante campeón de la Liga Nacional de Salto: Javier González Fraga, el jinete que rompe las reglas establecidas.
En un mundo ecuestre donde la especialización absoluta es la norma, donde los jinetes de más alto nivel suelen dedicarse exclusivamente a montar y competir, surge una figura atípica, casi imposible: veterinario, criador, ganadero, profesor y jinete ganador al más alto nivel… todo al mismo tiempo. La historia de un profesional que no solo compite contra los mejores jinetes de España, sino que lo hace montando caballos nacidos, criados, inseminados y formados por él mismo. Una historia singular y profundamente humana sobre pasión, genética, sacrificio, ciencia… y victorias.
Hoy hablamos con el todo en uno gallego, Javier González Fraga, quien hace poco más de una semana se proclamaba ganador de la Liga ORO de la Liga Nacional de Saltos de la RFHE con “Sonic JGF” (Trofeo Colandrero al mejor CDE del Top Ten), donde a punto estuvo de lograr el doblete también en la Liga PLATA, al terminar segundo con otro caballo de deporte español, “Tik Tak de Pravia”. Un año que “Fino” recordará con orgullo durante mucho tiempo, ya que también conseguía un importante resultado en el Campeonato de España Absoluto, donde lograba terminar en séptima posición, la medalla de oro en el Campeonato de España de Yeguadas con tres caballos del hierro JGF y se quedaba a un paso del podio en el Campeonato de España de Caballos Nacionales, donde finalmente fue cuarto, además de otros muchos éxitos cosechados a lo largo de esta temporada 2025.
Una historia que demuestra que la excelencia no siempre nace de la especialización absoluta, sino del amor total por un oficio. Un veterinario, un criador, un jinete… y, sobre todo, un apasionado que ha conseguido unir ciencia, deporte y corazón en un mismo proyecto.
En un deporte donde la mayoría de jinetes de alto nivel se centra exclusivamente en montar, ¿qué supone llegar a lo más alto siendo también veterinario y criador?
Es algo bastante singular. La mayoría de la gente que compite a estos niveles se dedica solamente a montar, o a dar clases, o a trabajos directamente relacionados con la competición. En mi caso, yo soy veterinario, manejo una yeguada y además la mayoría de los caballos que monto son caballos que yo mismo he criado, o que he recriado desde muy jóvenes. Incluso muchos de ellos “nacieron gracias a mí”: yo inseminé a las yeguas, yo hice los embriones… todo el proceso.
Por eso, cuando consigo una victoria con estos caballos, el significado es completamente distinto. No es solo un resultado deportivo: es la culminación de un trabajo de años, desde el laboratorio hasta la pista.
Esta temporada te marcaste un objetivo ambicioso: competir al máximo nivel nacional. ¿Cómo ha sido el camino para lograrlo?
El objetivo de este año era poder medirme con los mejores jinetes de España en la competición nacional.
Ya hacía tiempo que no me metía de lleno en la pugna de cuatro y cinco estrellas, desde la época en la que tenía a “Lebrón”. Entre ventas, épocas de transición y la formación de caballos jóvenes, llevaba bastante tiempo sin poder estar ahí arriba.
Este año, con el formato de la Liga Nacional, quise dar ese paso. Tuve que hacer un esfuerzo enorme para compatibilizar mis compromisos profesionales —veterinaria, reproducción, la yeguada, mis alumnos— con las fechas de la liga. Hubo concursos donde literalmente tuve que reorganizar toda mi vida para poder estar. Pero valió la pena.
Ganamos la Liga Nacional, y con otro de mis caballos quedé segundo en la Liga de Plata. Estuve a punto de hacer el doblete.
¿Qué momentos marcaron tu temporada?
Hubo varios puntos clave. Los concursos de la Liga me ayudaron muchísimo a coger ritmo y forma: Valladolid y Barcelona fueron fundamentales. Después llegaron los CSI de Maeza y Coruña… y ahí se alineó todo. En Maeza hice un concurso muy sólido, y Coruña —que para mí es como jugar en casa— fue increíble: cero en la primera manga del GP 1.55m del CSI3* y un buen desempate, con un público espectacular. Fue muy especial.
También este año, a nivel emocional, me hacía muchísima ilusión saltar el Campeonato de España de Yeguadas, porque es un reconocimiento para el trabajo de todo mi equipo y toda la yeguada. Es un premio que no es solo mío. Y este año salieron las cosas muy bien también. Además gané dos Grandes Premios nacionales de 2* en Galicia, con caballos de nivel más bajo, y eso para mí también tuvo muchísimo valor.
¿Qué significa para ti competir —y ganar— con caballos que tú mismo has traído al mundo?
Es lo más especial de todo. Mucha gente monta muy bien, pero muy poca puede decir que compite con caballos que ha creado desde cero. Para mí, cuando un caballo que he inseminado, que he visto nacer, que he recriado, que he formado… cuando uno de esos caballos gana un Gran Premio o hace una pista importante, el sentimiento es indescriptible. Es cerrar un círculo perfecto. Es lo que más me llena profesionalmente
La pregunta que todo el mundo te hace: ¿cómo te da tiempo a todo? Veterinario, criador, entrenador, jinete…
Me lo preguntan mucho, sí (ríe). Y la respuesta es sencilla: me apasiona lo que hago. Me apasionan los caballos en todos sus ámbitos: en el campo, los potros, la reproducción, la competición… todo. Yo puedo estar horas y horas con ellos porque es lo que más me gusta. Cuando vives así, el trabajo se hace más llevadero.
Pero hay algo todavía más importante: mi equipo. Tengo el mejor equipo que podría tener, y cada año es aún mejor. Ellos son una parte fundamental de todo lo que estamos consiguiendo. Hay gente que lo dice por decir, pero en mi caso es literal: sin ellos, nada de esto sería posible. Quiero que quede reflejado porque se lo merecen.
¿Qué viene ahora? ¿Cuál es el siguiente objetivo?
Seguir evolucionando como jinete, seguir formando caballos y seguir mejorando la calidad de mi yeguada. Cada año intento hacer mejores caballos, refinar las líneas, y también crecer yo como deportista.
El camino no se acaba: es lo bonito de esto.





