Hay concursos que se disfrutan, otros que se admiran… y luego está el CSI Casas Novas, que se vive. El pasado fin de semana, el recinto gallego celebró su vigésimo quinto aniversario, y quienes tuvimos la suerte de estar allí pudimos comprobar, una vez más, que no se trata solo de un evento deportivo: es una experiencia emocional que se instala en la memoria de todos los que cruzan sus puertas.
La pista cubierta, impecable como siempre, volvió a lucir una estampa majestuosa. Esa arena firme, regular, silenciosa bajo los cascos, preparada con una precisión casi quirúrgica por Geolastic, es ya parte esencial de la identidad del concurso. No hay jinete internacional que no reconozca que en Casas Novas el terreno “responde” de una forma especial. Y eso, en un deporte donde cada zancada importa, marca la diferencia.
Pero si algo distingue a este CSI del resto del circuito internacional es la atmósfera que lo envuelve. Casas Novas no deslumbra por exceso, sino por equilibrio. Cada detalle está cuidado, pero sin artificios. Cada proceso fluye, pero sin rigideces. Y cada persona —desde el deportista hasta el aficionado ocasional— siente que forma parte de un engranaje que funciona porque detrás hay dedicación, cariño y visión.
Este año, más que nunca, se respiraba esa mezcla de celebración y gratitud. En la rueda de prensa, todos los intervinientes coincidieron en algo que ya sabíamos quienes tenemos la fortuna de vivirlo desde dentro: la familia Ortega hace de este concurso algo más que un evento ecuestre; lo convierte en una casa abierta donde el deporte se eleva y el respeto se palpa. Los jinetes lo dijeron con claridad, sin poses, sin frases hechas: vuelven porque se sienten bien tratados. Porque aquí se nota que se cuida el deporte, pero también a las personas.
Y es imposible no compartir esa sensación. Basta pasear por los pasillos de la pista cubierta, observar la complicidad entre los equipos, sentir el murmullo del público que no pierde una batida, ver el brillo en los ojos de los más jóvenes que se acercan a su ídolo para pedir una foto. Casas Novas tiene ese magnetismo difícil de explicar y fácil de reconocer: se nota que está hecho por gente que ama el deporte y entiende lo que el deporte necesita.
Veinticinco años no se cumplen por casualidad. Se cumplen porque, edición tras edición, el CSI Casas Novas ha sabido mantener la excelencia sin perder la calidez, ha logrado atraer a estrellas internacionales sin dejar de poner al jinete de base en el centro, y ha demostrado que el alto nivel puede convivir con la cercanía si se trabaja desde la pasión.
Este fin de semana no solo celebramos un aniversario; celebramos un cuarto de siglo de emociones compartidas, de deporte del más alto nivel y de un compromiso que ha hecho historia en la hípica española. Y quienes estuvimos allí sabemos que Casas Novas seguirá siendo, por muchos años más, ese lugar al que uno siempre quiere volver. Porque más que un concurso… es una casa. Y una casa así no se olvida.

