|
Los cocheros sujetaban las
riendas con la mano izquierda y
manejaban el látigo con la derecha.
Si circulaban por la derecha, al
chasquear el látigo hacia los
caballos en el movimiento de
retroceso los peatones que
circulaban pegados a los carros eran
lastimados. Así que, en todos los
países con un poco de sentido común,
se decidió que los carruajes
circulasen por la izquierda para que
el látigo quedase en el centro de
la calzada y como mucho se lastimase
a los animales de tiro del resto de
los ciudadanos.
Cuando
los vehículos de transporte pasaron
a ser de tracción motora y el látigo
era inservible, muchos de los países
que conducían por la izquierda
volvieron a la derecha ya que se
consideraba que para el conductor
era más fácil cambiar de marchas
con la derecha y había una mejor
visibilidad si los coches pasaban
por su izquierda.
Los
ingleses por su parte decidieron
seguir con la tradición hasta hoy.
Nuria
B. Martínez - OcioCaballo
|