A través de los tiempos, se ha considerado a la equitación como el deporte elitista por excelencia. Si bien es cierto que es una práctica deportiva que no resulta barata, hemos querido hacer un breve valoración para comprobar que tiene de cierto y de mito, en relación con otros deportes.
En primer lugar hay que diferenciar, entre el precio que debe pagar un jinete novel que acude a un centro para iniciarse, con el que ha optado por tener un caballo estabulado y disfrutar de él ya sea paseando o montando en pista y el que ha pasado ya por todo esto y quiere competir.
Conscientes de que existe un amplio abanico de opciones, nos centraremos en el supuesto de aquel que comienza, para hacer una valoración orientativa, con la cual aquellos interesados en el maravilloso mundo de la hípica, puedan forjarse una idea de cómo poder disfrutar del caballo, en función de sus posibilidades.
Puede ser que ante la insistencia de tu hijo, amante de los animales desde que nació accedas a acercarte con él al mundo de la equitación y cumpliendo ese deseo que parece más que un capricho, le lleves a una escuela para que le enseñen a montar.
Una hora de clase a la semana te costará entre 15 a 20 euros y ataviado con el equipo imprescindible pero más básico de la tienda, podrás apañarle entre pantalón botas y casco con poco más de unos 100 euros, eso sí, todo crecedero para que le sirva un par de temporadas más.
Los precios de las clases y del equipo, no distan de los que tienen otras actividades deportivas, por lo que convierte en leyenda urbana la idea de que la hípica es para ricos.
Me gustaría así mismo advertir de los peligros del deporte que nos ocupa, porque a pesar de su apariencia no registra más accidentes que los demás. El auténtico riesgo es que crea adicción, porque ese niño que es feliz montando a caballo, que ha aprendido a cuidar, amar y respetar a un animal y que se siente realizado cuando consigue una simbiosis perfecta entre los dos, va dar un siguiente paso, una paso inevitable, un paso que te va a llevar a un destino ineludible. Antes o después le oirás decir esto: “Quiero que me compres un caballo”.
En ese momento tu vida va a cambiar, va a dar un giro de 180º y el centro de tu existencia será el animal.
A partir de ahora los gastos si que habrán aumentado y ya no será un deporte más, ahora hay que pagar box, manutención, vacunas, desparasitación, herraje, etc. y sin darte cuenta en tu compra diaria no podrán faltar unas cuantas manzanas o un paquete de zanahorias.
Si has superado con éxito esta fase deberás estar preparado para la siguiente que será la competición, donde los gastos aumentarán notablemente y se desbordarán en función del éxito obtenido, porque como el niño comience a ganar, eso ya no hay quien lo pare.
En compensación sabrás que tú y tu familia habréis elegido un deporte maravilloso que te ofrece los mejores momentos y sensaciones tan gratificantes que no se pueden comparar.
Como todo en la vida es opcional, a ti te toca decidir, cuando y como empezar y hasta donde quieres llegar, porque sin sobrepasar tus propios límites y ajustando el presupuesto a las posibilidades de cada uno, montar a caballo no es un deporte mucho más caro que los demás.