Hay muchas formas de recibir el año, pero nosotros vamos a hacerlo de la manera que más nos gusta, que es montando a caballo.
Esta vez vamos a disfrutar sin prisas y sin ataduras, sin normas, sin letras que marquen nuestros movimientos en el cuadrilongo y sin medir trancos para acometer un reparo.
Esta vez vamos a salir despacio, disfrutando del paisaje y de esos tímidos rayos del sol que alivian un poco el frío del invierno.
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A veces la vida nos hace regalos como éste y hay que saber aprovecharlos, sobre todo ahora que hemos conocido tan de cerca lo que es un confinamiento, lo que son límites y prohibiciones o lo que es acariciar a un caballo sin poder montarlo.
En este tiempo que vivimos con la boca tapada tantas horas al día… salir al campo, respirar aire puro, observar el pasaje a tu alrededor y si es posible galopar, galopar hasta el infinito y más allá y sentirte libre y feliz por unas horas, es la mejor forma de empezar el año, limpiando tu alma y tus pulmones y llenándote de energía positiva para los meses venideros -que sin duda seguirán siendo duros- pero mucho más llevaderos si puedes o sabes aprovechar y disfrutar de los momentos más insignificantes, que muchas veces son los mejores.
- Foto: El Duende Centro Hípico