La escena se había vuelto habitual en los concursos internacionales: jinetes revisando un vídeo en el smartphone entre ejercicio y ejercicio, entrenadores interpretando datos biométricos en tiempo real o sensores transmitiendo información mientras el binomio daba vueltas en el calentamiento.
Sin embargo, desde el 1 de enero de 2026, esta imagen ha quedado fuera de las pistas de ensayo. La entrada en vigor del nuevo Reglamento de Disciplina de la FEI ha instaurado un auténtico “apagón digital” durante el calentamiento, prohibiendo el uso de teléfonos móviles y dispositivos electrónicos portátiles mientras se monta.
La Federación Ecuestre Internacional fundamenta esta decisión en criterios de seguridad. Durante la pasada temporada se registró un aumento significativo de incidentes y colisiones en las pistas de ensayo, un espacio ya de por sí complejo, compartido y sometido a una alta presión competitiva. Desde la óptica de los comisarios, cualquier distracción visual o cognitiva supone un riesgo añadido en un entorno donde la anticipación, la lectura del espacio y la atención al resto de binomios son esenciales.
No obstante, la medida no llega en un momento neutro para la equitación moderna. En disciplinas donde la precisión y la gestión del esfuerzo son determinantes, la tecnología había pasado de ser un complemento a convertirse en una herramienta habitual de trabajo. Sensores integrados en cinchas, mantillas o protectores ofrecían información inmediata sobre la regularidad del tranco, la potencia en el salto o la respuesta cardiovascular del caballo. Para muchos jinetes, disponer de esos datos durante el calentamiento permitía ajustar decisiones en tiempo real y afinar la preparación antes de entrar en pista.
Con la nueva normativa, esa lectura directa desaparece de las manos del jinete y se traslada al equipo de tierra. El feedback ya no es inmediato ni visual, sino verbal y diferido, lo que plantea interrogantes sobre cómo afectará esta transición a la gestión del entrenamiento previo, especialmente en el alto rendimiento. ¿Se pierde precisión o se gana claridad? ¿Se sacrifica información o se recupera sensibilidad?
El debate no ha tardado en polarizar opiniones. Desde sectores más tradicionales se interpreta la norma como una oportunidad para reforzar una equitación más intuitiva, basada en las sensaciones, la observación directa del caballo y una mayor coherencia con el bienestar animal. Desde una visión más técnica, en cambio, se cuestiona si limitar el acceso a los datos supone frenar una evolución que ha demostrado aportar objetividad y prevención de sobreesfuerzos.
En este nuevo escenario, la figura del comisario de pista adquiere un papel aún más relevante. Su función ya no se limita al control del material o de las alturas, sino también a garantizar que el calentamiento se desarrolle libre de interferencias tecnológicas, redefiniendo el equilibrio entre control, seguridad y libertad de entrenamiento.
La pregunta queda abierta: ¿estamos ante un paso atrás en innovación o ante una corrección necesaria en la relación entre tecnología, jinete y caballo? Como suele ocurrir en la evolución de la equitación, probablemente la respuesta no sea única, sino el resultado de un ajuste progresivo entre tradición, ciencia y práctica deportiva. El debate está servido.

