La temporada 2026 de Doma Clásica en España ya está aquí. Se ha hecho esperar, es cierto, pero precisamente por eso el arranque se vive con una intensidad especial.
Esta semana se celebra el primer Concurso Nacional de Doma Clásica del año, y no podía hacerlo en un escenario cualquiera: el Real Club de Polo de Barcelona será el encargado de levantar el telón con un CDN2* que marca oficialmente el inicio de un calendario largo, exigente y, sobre todo, muy esperado.
Han sido días de trabajo en silencio. De pistas casi vacías, de entrenamientos repetidos una y otra vez, de pequeños avances que solo ven quienes están cada día al lado del caballo. La Doma es paciencia, es constancia y es creer en un proceso cuando todavía no hay aplausos ni resultados. Por eso, cuando por fin llega el primer concurso, no se trata solo de competir, se trata de volver a sentirse parte de algo, de reencontrarse con la pista, con los compañeros y con esa tensión previa a entrar al cuadrilongo que tanto se echa de menos.
Este primer CDN2* no es una cita más en el calendario. Es también el primer clasificatorio para la Copa ANCCE 2026, un punto de partida clave para muchos binomios que llevan meses construyendo su temporada con un objetivo claro. Saber que hay margen, que el último clasificatorio llegará a finales de octubre, permite plantear el año con cabeza, sin prisas, respetando los tiempos del caballo y del entrenamiento bien hecho.
Por delante quedan diez meses de competiciones, de ajustes finos, de reprises que salen mejor —y otras que no tanto—, de jueces, medias y valoraciones. Pero también de aprendizajes, de caballos que maduran y de jinetes que crecen con cada salida a pista. La Doma Clásica no entiende de atajos, y este calendario largo es una oportunidad para demostrarlo, para construir temporada desde la base.
El horizonte final, como cada año, será SICAB, donde la final de la Copa ANCCE se disputará del 17 al 22 de noviembre. Parece lejano ahora, pero todo empieza aquí. En este primer concurso, en esta primera entrada a pista, en este volver a sentir que el trabajo diario tiene un lugar donde mostrarse. Pero no será el único.
En el camino también aparecen otras metas de peso, como los Campeonatos de España de Doma Clásica, una cita marcada en rojo para jinetes y amazonas de todas las categorías, donde el nivel competitivo suele reflejar fielmente el estado real de la Doma en nuestro país. Llegar ahí en forma, con caballos asentados y trabajos consolidados, es uno de los grandes retos del año.
Y para aquellos binomios que destaquen especialmente, la temporada 2026 abre también la puerta a citas internacionales importantes, concursos donde medir el trabajo español fuera de nuestro territorio con la mira puesta en el Campeonato del Mundo de Aachen.
Pero más allá de fechas, estrellas y clasificaciones, este inicio de temporada llega cargado de una sensación positiva que merece ser destacada. Había ganas. Ganas reales de volver a ver pistas llenas, reprises encadenadas, comentarios al borde del cuadrilongo y ese ambiente tan particular que solo se respira en los concursos de Doma. Ganas de medir el trabajo de invierno, de comprobar si los cambios salen donde deben, si el contacto es estable y si el caballo entra en pista con la tranquilidad que solo dan las horas bien hechas en casa.
Empieza ahora una temporada que será larga, exigente y, previsiblemente, muy competida. Habrá momentos brillantes y otros más discretos, como siempre. Pero lo importante es que el calendario ya está en marcha. La Doma Clásica española vuelve a rodar, y lo hace con energía, con planificación y con ese optimismo sereno que nace cuando, por fin, se abren las puertas del primer concurso.
Ahora sí, empieza el año para la Doma Clásica española. Es el momento en el que, por fin, suena la campana.

