“Hay veces que estás a dos minutos de los caballos y no puedes llegar hasta ellos. Si quienes dirigen la emergencia supieran que pueden contar con nosotros para evacuar esos animales y nos ayudaran, todo sería mucho más fácil.”
Con esa reflexión resume Natalia Romero una de las principales conclusiones que le está dejando una emergencia que, para ella y para decenas de voluntarios, todavía no ha terminado. Junto a Rocío Briz, Santiago Revuelta y numerosos transportistas, sigue coordinando la evacuación de caballos y otros animales afectados por los incendios que mantienen en alerta a varios puntos del centro de España.
Pero, además del enorme esfuerzo solidario realizado durante estos días, Natalia quiere lanzar una reivindicación clara: la necesidad de crear un protocolo específico que permita coordinar a los servicios de emergencia con los profesionales especializados en el transporte de animales.
“Lo que estamos viviendo…”, resume antes de explicar cómo transcurren unas jornadas en las que las llamadas siguen llegando prácticamente a cualquier hora. Al otro lado del teléfono hay propietarios que no pueden acceder a sus fincas, animales que necesitan ser evacuados y voluntarios que buscan un camión disponible y un lugar seguro donde poder trasladarlos.



Uno de los rescates que más recuerda comenzó con la llamada de una propietaria que se encontraba en Asturias. Su yegua permanecía sola en una finca amenazada por el incendio y Natalia no dudó en intentar llegar hasta ella. Sin embargo, cuando circulaba por la carretera entre Navalagamella y Fresnedillas, a apenas dos kilómetros de la explotación, un nuevo foco se declaró frente a ella y tuvo que dar media vuelta.
Mientras buscaba la forma de acceder a la finca, un agente de la Guardia Civil la vio visiblemente afectada y le preguntó qué ocurría. Tras explicarle la situación, decidió ayudarla y la escoltó por una ruta alternativa hasta poder llegar a la explotación.
Allí encontraron a la yegua suelta en una gran parcela, completamente asustada y sin una cabezada con la que poder sujetarla. “Estuvimos más de media hora intentando cogerla. La propietaria estaba al teléfono llorando y pidiéndome que la sacara de allí.”
Finalmente encontró un cable alargador en el suelo, lo utilizó para improvisar un ramal y consiguió sacar a la yegua de la finca. “Un minuto después teníamos a los bomberos evacuando.”
Pero si hay una imagen que resume la dureza de estos días, Natalia no habla de llamas ni de camiones: “Gente llamándome con ataques de ansiedad porque les desalojaban y dejaban once caballos encerrados. Eso es muy duro.”
Y mientras la atención informativa empieza poco a poco a desplazarse hacia otros asuntos, los voluntarios continúan trabajando.
En el grupo de WhatsApp desde el que se coordinan transportes, acogidas y rescates, uno de los transportistas compartía hace apenas unas horas un vídeo que refleja la realidad que siguen afrontando.
“No puedo más. Sigo recogiendo caballos con el camión prácticamente en reserva porque muchas gasolineras están cerradas. Me estoy quedando sin sitio para acoger animales en mi finca y el combustible, el forraje y la comida de todos estos caballos está saliendo de mi bolsillo.”
Su testimonio refleja una situación que, según explican los propios voluntarios, se repite entre muchos de los transportistas, centros hípicos y particulares que decidieron ayudar desde el primer momento. La solidaridad ha permitido salvar a cientos de animales, pero mantener esa red también supone un importante esfuerzo económico que continúa recayendo sobre quienes siguen trabajando sobre el terreno.
Por eso, Natalia insiste en que toda esta experiencia debe servir para mejorar la respuesta ante futuras emergencias: “Sigue sin haber un protocolo para evacuar animales. Si quienes dirigen la emergencia supieran que pueden contar con nosotros para evacuar esos animales y nos ayudaran, todo sería mucho más fácil.”
Los voluntarios recalcan que no pretenden sustituir el trabajo de los servicios de emergencia, sino que exista una coordinación que permita aprovechar la experiencia y los medios de quienes están preparados para trasladar animales cuando las condiciones lo permitan. Consideran que esa colaboración permitiría actuar con mayor rapidez y seguridad, evitando situaciones de angustia para propietarios y animales.
Mientras tanto, los teléfonos siguen sonando, los camiones continúan saliendo hacia las zonas afectadas y la red de voluntarios permanece activa. Porque, aunque los incendios empiecen a desaparecer de los titulares, para quienes siguen evacuando animales la emergencia todavía continúa.