El sector hípico agoniza entre promesas

Centros Hípicos, veterinarios, herradores, mozos, transportistas y un largo etcétera, están intentando sobrevivir sin ayudas.

Esta situación provocada por el Covid-19, evidentemente nos salpica a todos y es inevitable sufrir las consecuencias que azotan a nivel mundial.

La prioridad en estos momentos es mantenernos a salvo de este virus devastador y por ello seguir escrupulosamente las medidas que nos indican, para evitar contagios y limitar en lo posible su propagación a fin de no seguir lamentando pérdidas irreparables de nuestros seres queridos o de nosotros mismos.

Hasta ahí todos estamos de acuerdo, pero además del virus hay otras cosas que también afectan sobre manera a las vidas y concretamente a nuestro deporte y es la precariedad en la que se están viendo inmersos muchos profesionales de la hípica, un sector que tampoco es precisamente el que arroje habitualmente las mejores cifras en las cuentas de resultados.

Los centros hípicos, veterinarios, herradores, mozos, profesores, transportistas y un largo etcétera de profesionales que viven de este deporte, están intentando sobrevivir a esta situación de confinamiento sin ningún tipo de ingreso o reducido al mínimo en el mejor de los casos.

Las hípicas sin clases, sin concursos, sin cursillos de Semana Santa, sin clinics, sin excursiones al campo, sin más actividad que mover caballos, han bajado sus rendimientos ostensiblemente mientras que muchos de los gastos continúan, ya que los caballos siguen comiendo y necesitando las mismas atenciones que antes, porque no son como otros deportes, que se practican con una raqueta, un balón o una bicicleta, que guardas en un armario hasta que esto acabe.

Por su parte los demás profesionales relacionados que ejercen en su mayoría como autónomos, deben seguir atendiendo a sus pagos mensuales sin haber podido salir de casa.

Para todos ellos hay ayudas a través de avales bancarios. Si logran reunir los mil requisitos exigidos para recibir el dinero y hundidos en la desesperación sin recibir apenas beneficios, saldrán dentro de unos meses endeudados de esta situación con un crédito a sus espaldas, que deberán ir abonando durante mucho tiempo.

Quizá este artículo sea un “hablar por no callar” un mensaje al viento porque está claro que por desgracia este gremio ni tiene ni tendrá apoyos, pero es simplemente el altavoz de la inmensa mayoría de los profesionales del sector que nos están trasmitiendo durante estos días la tristeza de ver sus negocios al borde del precipicio, tras muchos años de esfuerzo trabajando por mantenerlos y como no, pagando sus impuestos para ahora no recibir ninguna ayuda.

Solidaridad, buenos propósitos y colaborar entre nosotros es la única solución que nos queda. No olvidarnos que muchos lo están pasando muy mal y “cuando esto termine”, tener muy presente que ahora más que nunca nos vamos a necesitar, que va ser imprescindible ser un poco generoso y echarnos una mano para que entre todos sigamos hacia adelante, porque si no nos ayudamos nosotros, está claro que nadie más lo va a hacer.

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