El actual brote de Rinoneumonitis nos enfrenta a una situación inédita y seguimos en un escenario de incertidumbre en el que aún no podemos construir una hipótesis sobre el futuro.
Ayer cerrábamos el día con un jarro de agua fría en forma de comunicado de la FEI, ampliando las restricciones para la competición internacional, dejándonos de nuevo con sensación de inquietud y duda en la que confluyen una serie de factores.
El primero es la incertidumbre sanitaria, puesto que lo esencial es que nuestros caballos estén a salvo, conseguir que el virus no se expanda a más zonas y sobre todo vencerlo.
En segundo lugar, nos enfrentamos también a una incertidumbre temporal, pues si bien hay más o menos certeza sobre el momento cero del brote, no se sabe cuándo regresaremos a la ansiada normalidad.
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La siguiente, no menos importante, es la incertidumbre económica, ya que no se conoce a ciencia cierta cuáles son los impactos que esta crisis del EHV-1 tiene actualmente y, menos aún, cuáles serán estos en el futuro, teniendo en cuenta lo que arrastramos debido a la pandemia mundial.
Una de las fuentes de la angustia que experimentamos los seres humanos es la incertidumbre; más preguntas que respuestas y, por si fuera poco, cada respuesta genera nuevas preguntas.
La situación actual está plagada de dudas y no sabemos bien cuándo llegará a su fin. Para las personas con altos niveles de ansiedad esto puede ser frustrante y no es para menos, las restricciones y prohibiciones en la Hípica, sumadas a las medidas sanitarias implantadas desde hace un año, pueden hacer mella en cualquiera.
Se avecinan tiempos difíciles, pero estamos a tiempo para reducir la profundidad de esas consecuencias, debemos mantener la calma, seguir unidos, no desesperarse, abrazar la incertidumbre como relato de la realidad y no como algo a combatir.