Como un fantasma del pasado, el Club Hípico Las Lomas situado en la madrileña localidad de Boadilla del Monte, se pierde abandonado entre la maleza que inexorablemente con el paso del tiempo le ha ido ganado terreno, a lo que un día fueran unas instalaciones ecuestres de primer nivel.
Se inauguró en 1973 por Francisco Franco y durante muchos años fue uno de los centros donde pasaron por sus pistas nuestros mejores jinetes y amazonas del momento, entre los cuales muchos de ellos que están en activo lo recuerdan con nostalgia.
Se disputaron en sus pistas grandes citas, como un Campeonato de España Absoluto, Campeonatos de España para las categorías de menores de Salto, el Campeonato de Club de Jinetes, así como distintas ediciones del Campeonato de la Comunidad de Madrid de Doma Clásica y Salto, entre muchas otras.
Fue cuna del Horseball en España, modalidad aún poco conocida por aquellos años en nuestro país y que de la mano de Gonzalo Ramiro Visser, Iván Buezo o Luis de la Portilla, entre otros, se introducía en ese centro para gozar en un futuro de gran popularidad y muchos adeptos. Además, la que fuera una de nuestras más destacadas representantes de la doma clásica, Maya Grasset, instalaba allí su propia escuela en los últimos momentos de vida del club.
Pero aquellos días de esplendor se apagaban el domingo 24 de noviembre de 2002, cuando cerraba definitivamente sus puertas y se ponían a la venta. Sin embargo y pasadas más de dos décadas, el proyecto inmobiliario previsto jamás se llevó a cabo, ya que la finca solo está destinada a uso deportivo sin admitir la construcción de viviendas y tristemente las costosas instalaciones del club dotado con unas magníficas gradas hechas de obra, boxes y picadero cubierto con su mítica vidriera, se han ido deteriorando por el paso de los años con la ayuda por supuesto del vandalismo.
Finalmente este letargo en el que lleva sumido tantos años va a terminar. La parcela para ampliar sus instalaciones fue comprada por el colegio Virgen de Europa hace tiempo y en breve, las excavadoras darán cuenta de los últimos vestigios de lo que fue un punto de encuentro inolvidable para los aficionados al caballo y dará paso al bullicio de los niños y una nueva generación, que permanecerá en ese lugar donde sobrevuela el espíritu de nuestra mejor hípica y quizá por qué no, salgan de ahí futuros grandes jinetes y amazonas.



- Fotos: El estado de las instalaciones a día de hoy (Julio Fernández – OcioCaballo)

