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Opinión OC | Nuria B.
Martínez - OcioCaballo
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Política
y deporte
El
boicot a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 y el
accidentado paseo de la llama olímpica por los cinco
continentes ocupa las portadas de los medios de comunicación
de medio mundo. Ahora se decide qué dirigentes políticos
estarán presentes en la ceremonia de inauguración, los líderes
de Gran Bretaña (Gordon Brown) y Alemania (Angela Merkel)
ya han anunciado que no asistirán, y si habrá algún país
ausente; pero lo cierto es que cuando el Comité Olímpico
Internacional decidió que fuera China la sede de los Juegos
de 2008 ya se conocían estos problemas. Desde ONG’s
pro-derechos humanos como Amnistía Internacional o
Reporteros sin Fronteras se advertía de las carencias en
materia de libertades que tenía esta potencia económica. A
día de hoy en China no existe libertad de expresión, hay
restricciones para el acceso tanto a internet como a medios
de comunicación extranjeros, la pena de muerte se sigue
utilizando, pero lo que dirige la mirada de muchos es la
causa abierta con el Tibet.
Por
primera vez la antorcha olímpica está siendo atacada por
todos los que defienden la libertad cultural del Tibet
mientras el Dalai Lama pide que se disputen los Juegos Olímpicos.
Ya se ha conseguido que el mundo fijase su atención en la
falta de respeto a los derechos humanos que se sufre en
China, pero si esto ya se sabía ¿por qué se le
concedieron los Juegos? En realidad, el gigante asiático se
ha abierto al mundo desde su potencial económico y por ello
le iba a ser fácil construir grandes infraestructuras en
poco tiempo, tener preparado un equipo de atletas dispuestos
a conseguir el mayor número de medallas en la historia de
este país y organizar unas ceremonias de inauguración y
clausura jamás vistas. China pensó que con estos
requisitos la opinión pública mundial sobre ellos no se
detendría en asuntos menores como el Tibet, pero lo ha
hecho y ahora tienen un problema.
Al
final nos queda que los deportistas, que sólo quieren ver
cumplido su sueño de participar en unos Juegos Olímpicos
(para muchos serán los primeros y últimos), se han visto
inmersos en decisiones y actos políticos de protesta. Los
deportistas aspiran a competir y desde la competición es
donde podemos ver los grandes gestos que ya se han visto en
otras ocasiones como en los Juegos de México 1968 donde dos
atletas afroamericanos subidos en el podio alzaron sus puños
en protesta por la situación de discriminación que la
población negra sufría en EEUU.
Ahora
el Parlamento de los 27 pide a los países miembros de la UE
que se pongan de acuerdo para realizar un boicot en la
ceremonia inaugural de los JJOO si Pekín no dialoga para
poder fin a la situación del Tibet. Serán los grandes
gestos los que pasen a la memoria, sin embargo, cuando todas
las delegaciones recojan sus equipajes y sus medallas y
salgan del país ¿alguien se acordará del Tibet? ¿Alguien
volverá a reclamar su libertad con tanta fuerza? Y lo más
importante ¿China sufrirá la misma revolución en las
libertades que ha sufrido en la economía?
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