Conocida por los griegos antes de Cristo, aprovecha los movimientos del caballo para ejercitar músculos y articulaciones.
Históricamente, la hipoterapia —del griego hippos, caballo, y teraphus, tratamiento—, se conoció en Grecia, 460 años antes de Cristo y se desarrolló en nuestros días en Alemania, extendiéndose por Europa y Estados Unidos; y es, como decíamos al principio, una técnica de rehabilitación reconocida en todo el mundo.
Consiste en aprovechar los movimientos multidimensionales del caballo para estimular los músculos y articulaciones de las personas. Además, el contacto con el caballo, aporta facetas terapéuticas a niveles cognitivos, comunicativos y de personalidad.
Esta terapia, se emplea de forma sistemática desde los años 50, aunque sus ventajas para tratar algunas disfunciones de movimiento se conocen desde tiempos muy antiguos. Los antiguos griegos, entre ellos Hipócrates, aconsejaban la práctica de la equitación para mejorar el estado anímico de las personas con enfermedades incurables y más tarde, en el siglo XVII, algunos médicos recomendaban montar diariamente a caballo para combatir el problema de acumulación de ácido úrico en las articulaciones.
Por su naturaleza, la equitación terapéutica influye totalmente en la persona y el efecto en todo el cuerpo puede ser profundo. Una terapia ocupacional, con un caballo adecuado, requiere de una consulta para establecer el programa, dirigir específicamente las sesiones a las áreas de planificación motora e integración sensorial del paciente. El caballo se selecciona para los pacientes cuidadosamente por sus movimientos y su comportamiento. El paciente, en función de las indicaciones del terapeuta, puede adoptar diferentes posturas sobre el caballo en diferentes sesiones.