Opinión OC   |  Rosa Cabero - Directora de OcioCaballo


 

Padres de competición

 

Ha llegado a nuestra redacción una nota en la que se nos participa la creación de la Asociación de Padres de Alumnos de Doma Clásica, a fin de promocionar este proyecto y dar la posibilidad de unirse a todos aquellos interesados.

Ante todo mi más sincera enhorabuena, ya que cualquier iniciativa hecha desde el deseo de mejorar nuestro deporte me parece muy loable.

No obstante y con la experiencia personal vivida durante muchos años con referencia al mundo de la competición, desde el más profundo respeto, considero que los padres indudablemente deben velar por los intereses de los hijos, pero marcando una línea entre esas obligaciones paternas y las de otros responsables.

Como en todos los deportes, la competición debe y está organizada desde las propias Federaciones Nacionales y Territoriales, ellas son las encargadas de programar el calendario y buscar patrocinadores, los comités organizar la competición, los profesores enseñar, los jueces juzgar, los jinetes competir y desgraciadamente cuando son menores, la labor de los padres es pagar.

Muy a pesar nuestro, las tareas se reparten de esta forma y si en alguna ocasión el padre considera que no se está realizando correctamente la labor de alguno de ellos, es justo que apele al responsable pidiendo explicaciones, pero de ahí a tomar la afición de su hijo como un trabajo personal donde cada padre tiene que implicarse de tal forma, creo que es un error.

Y considero que la primera equivocación estriba en que muchas veces esta vehemencia paterna, va por encima del espíritu deportivo de sus hijos que disfrutan de su afición favorita, compiten con ilusión y afrontan una victoria o un fracaso con toda naturalidad.

Creo que son los propios padres los que ejercen demasiada presión sobre los niños y les cargan con una responsabilidad desmesurada, si ponemos el caso de un progenitor que encuentra un sponsor, organiza un circuito, etc., con que cara el niño (como es muy lógico a estas edades) dice de repente, que quiere dejar de montar a caballo y prefiere apuntarse a clases de tenis, que son más tranquilitas.

La hípica es un deporte muy caro, sobre todo en la primera etapa donde el jinete aún no es profesional, no puede amortizar los gastos dando clase y ni tan siquiera obtiene premios en metálico. Que nuestro niño opte por esta afición, realmente supone un esfuerzo enorme y un gran desembolso económico, entre matriculas, transporte, clases y por supuesto la compra y mantenimiento del caballo. Quizá sea por eso que los padres a veces desvirtúen la realidad y lejos de ver esto como un hobbie carísimo de su hijo, quieran controlar el desembolso como en cualquier otro tipo de inversión, manejando ellos mismos el fondo donde están metiendo un dineral.

Palabra de honor que yo les entiendo, pero la equitación es así y sinceramente no creo que en este aspecto nuestro país funcione tan mal como para tener que recordar a los comités organizadores que los niños no pueden competir más que fuera del calendario lectivo, no creo que no se les respete y mucho menos que no se les tenga en cuenta.

Repito que me parece estupendo y una suerte para los menores contar con padres que comparten la ilusión de sus hijos, les apoyan y ayudan en todo en cuanto está a su alcance para que cumplan su sueño en el mundo de la hípica, pero también enseñarles a respetar la labor de unas jerarquías lideradas por personas muy capacitadas que se dedican en cuerpo y alma a organizar este deporte y en la inmensa mayoría de los casos con una trayectoria de muchos años, dedicados al mundo de la competición.

 

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